Escándalo en la Corona
¿Qué tienen los Windsor que les hace tan propensos a la polémica? A siete semanas de la boda del príncipe Guillermo con Kate Middleton no son los comentarios sobre el menú o el vestido de la novia lo que llena las páginas de la prensa británica, sino los escándalos que rodean al príncipe Andrés, el segundo de los hijos varones de la reina Isabel. Los escándalos de Andrés, Duque de York, parecen no tener fin. Hace unos meses estuvo envuelto en una polémica de sobornos junto a su ex mujer Sarah Ferguson (foto), y hace tan sólo unos días se supo que tiene negocios con un conocido pedófilo. Ahora se sabe además que utilizó su cargo como representante británico de Comercio e Inversiones para obtener favores de David Rowland, un banquero que puso 50.000 libras para ayudar a subsanar las deudas de Ferguson.
LONDRES | WALTER OPPENHEIMER
EL PAIS DE MADRID
Desde que el rey Eduardo VIII renunciara en 1936 al trono que ocupaba desde hacía menos de un año para casarse con una rica estadounidense divorciada, Wallis Simpson, los Windsor -que adoptaron ese nombre en la I Guerra Mundial para abandonar su demasiado germánico apellido dinástico, Saxe Coburgo- copan a menudo las portadas de los diarios. Muy a su pesar.
Reconvertido en duque de Windsor, el ex rey Eduardo VIII no solo fue polémico por poner el amor por delante del trono -algo que quizás ahora sería visto con buenos ojos- sino por sus simpatías hacia el nazismo. La compleja personalidad de su hermano Alberto, que reinó con el nombre de Jorge VI porque Alberto era también considerado un nombre demasiado germánico en los años treinta, acaba de ser retratada en la película El discurso del rey.
La hija de Jorge VI, la reina Isabel II, nunca ha suscitado polémicas ni por su vida personal ni por su manera de reinar, más allá de ser considerada muy profesional aunque una madre fría y distante. Pero el resto de su familia sí parece aquejada por el mal de los Windsor. Un mal que no puede ser hereditario porque afecta también a quienes no llevan su sangre.
La madre de Isabel era inmensamente popular pero generó un sinnúmero de comentarios por su gusto por la ginebra, su desmesurada afición a los caballos y su desprecio hacia los políticos. El marido de la reina, el duque de Edimburgo, ha batido todos los récords de meteduras de pata. La princesa Margarita, hermana de Isabel, fue famosa por sus amores contrariados. Después de aparecer disfrazado de nazi y de coquetear con el alcohol, su nieto Enrique, del que algunos sospechan que tampoco puede tener problemas de consanguinidad, ha logrado rehacer su imagen de la mano de la carrera militar.
ANDRéS. Pero son sus hijos los que han dado a Isabel los mayores dolores de cabeza. Sobre todo, Carlos y Andrés. El heredero, Carlos, casi acaba con la monarquía por su turbulento matrimonio con la mítica Diana. Sin embargo es Andrés quien desde hace unos años protagoniza los escándalos más jugosos, con una mezcla mediática imbatible: sexo y dinero.
En los últimos días, los medios de prensa se han agarrado a la parte sexual del príncipe Andrés. Sus defensores podrían alegar que es agua pasada: una fotografía en la que el príncipe posa tomando de la cintura a una hermosa joven. La foto fue captada en 2001 y la joven era la masajista del multimillonario estadounidense, Jeffrey Epstein.
El problema es que la chica tenía entonces 17 años, que también le dio algún masaje al príncipe, que ha acusado a Epstein de haberla prostituido y que el millonario fue condenado en 2008 por incitar a la prostitución a una menor y ha llegado a acuerdos para indemnizar a otras 17 chicas que le acusaban de lo mismo.
El error de Andrés ha sido mantener sus vínculos con Jef-frey Epstein incluso después de que este fuera condenado. Y no solo eso, sino que la prensa parece convencida de que lo ha hecho porque su amistad con el millonario le es muy rentable. Y cuestionan sus relaciones con otros personajes polémicos co-mo Saif Gadafi, el traficante de armas libio Tarek Kaituny o el yerno del presidente de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev, el millonario Timar Kulibayev.
El príncipe Andrés vendió en 2007 a Kulibayev su casa de Berkshire -regalo de boda de su madre- quien pagó 15 millones de libras por una casa que llevaba tres años en venta por 12 millones. Al día de hoy sigue vacía.
Muchos creen que Andrés Windsor, que ejerce la tarea voluntaria y no remunerada de Representante Especial para Comercio Exterior e Inversiones británico, se ha convertido en una rémora para el país.
Lo dice más la prensa que los políticos, porque aunque en este país los medios tienen libertad absoluta para criticar a la familia real, la etiqueta limita esas críticas entre la clase política.
Días atrás, por ejemplo, el presidente de los Comunes, John Bercow, llamó la atención a un diputado laborista, Chris Bryant, por pedir en el parlamento que Andrés sea apartado de ese cargo. Aunque no es ilegal, se considera feo atacar a los Windsor en el parlamento porque no se pueden defender en público.
`Las referencias a la familia real han de ser excepcionales, controladas y muy respetuosas. Tenemos que ser muy cuidadosos al manejar estos asuntos`, le advirtió al diputado. Más cuidadosos que los propios Windsor.
Wallis Simpson
La divorciada estadounidense que escandalizó a Gran Bretaña y provocó que el rey abdicara en los años 30, está de moda. Además de ser uno de los personajes de "El discurso del rey", ganadora del Oscar, ahora aparece en las series británicas "Upstairs Downstairs`` y "Any Human Heart``. Simpson también es sujeto de dos nuevas biografías, y la protagonista de "W.E.``, dirigida por Madonna. Su estilo sigue inspirando a diseñadores, sus joyas se vendieron en U$S 13 millones en Sotheby`s, y sus seguidores incluso compran sus prendas íntimas. Uno de sus vestidos de chiffón rojo se vendió el jueves por más de U$S 10.500 y por su neceser de Louis Vuitton pagaron 77.500.