El fin de semana pasado, a causa de un infarto, murió Lina Ron, "la incontrolable" difusora de la frase "con Chávez todo, sin Chávez plomo". Tenía 53 años. Su lenguaje estaba lleno de "patria, socialismo o muerte". Solía comenzar su programa de radio diciendo: "Buenos días a mi presidente, a los homosexuales, a las prostitutas, a todos los excluidos...".
Nacida en el noroeste de Venezuela, era la líder de una pequeña formación, la Unión Popular Venezolana (UPV), que según Chávez no lograría el voto ni del 1% del electorado si se hubiera presentado sin su propio respaldo. A la sede de su local acudían los más necesitados. Ron se encargaba de aporrear las puertas que la burocracia cerraba y ayudarles.
En la práctica, también aporreaba a los "enemigos de la revolución". Contaba con una veintena de motoristas armados. Con ellos se plantó en 2008 en la sede del palacio arzobispal de Caracas y desalojó a sus ocupantes. Y con ellos atacó en 2009 el canal opositor de Globovisión. La cadena relató en su página web el suceso: "Al menos 35 motorizados al mando de Lina Ron ingresaron a la sede de Globovisión arrojaron bombas lacrimógenas en los interiores y sometiendo al personal de seguridad con armas de fuego". El asalto quedó grabado en video. Hasta entonces, Lina Ron era casi un personaje folclórico a quien nadie se tomaba en serio. A raíz de ese incidente, sufrió tres meses de cárcel.
Chávez insinuó que se encontraba al servicio del "imperio de EE.UU.", dijo que era buena persona, pero tendía hacia la anarquía. Y la llamó "incontrolable".
Chávez aprovechó para hacer las paces ante su féretro: "Lina, lo digo delante de ti: que me amaste y que te amé con verdadero amor radical. A veces ella me regañaba y a veces yo le regañaba, pero lo que había allí era amor". El País de Madrid