RIAD | Arabia Saudita empezó a liberar a la veintena de activistas chiíes detenidos la semana pasada. El gesto, que se produce después de que varios líderes de esa comunidad se reunieran con el rey Abdalá, parece indicar un intento de reducir las tensiones ante la convocatoria para mañana de un Día de la Ira, el primero de alcance nacional en el reino. Igualmente, siguen prohibidas las protestas.
Cerca de 20.000 personas respaldan en Facebook un llamamiento para hacer dos manifestaciones, la primera de ellas mañana.
Las autoridades no quieren arriesgarse y temen que el malestar de los chiíes en la provincia oriental y los llamamientos a la reforma de los sectores liberales en otros lugares del país se complementen.
En la última semana de febrero estudiantes, intelectuales e islamistas moderados firmaron peticiones a favor de una monarquía constitucional, algo impensable hace unos meses.
La propaganda oficial insiste en la idea de que las manifestaciones van en contra de los intereses del país y recordaron que las protestas son contrarias a la ley islámica.
Un comunicado del Ministerio del Interior advirtió ayer nuevamente que está prohibida cualquier tipo de marcha y que la policía usará todos los medios a su alcance para evitarlas. Ya cerraron varios sitios web que llaman a manifestarse y corre el rumor de que se va a decretar el toque de queda.
"Están nerviosos", señala un diplomático occidental. "Riad puede perder la virginidad de las protestas callejeras", explica. Aunque la capital saudí ya fue escenario de algunas manifestaciones islamistas en la década de 1990, es la primera vez que la convocatoria trasciende la queja local y menciona la palabra democracia. De todas maneras, los activistas no creen que muchos se sumen a las marchas, sobre todo por razones culturales y de ausencia de un grupo civil activo. "La calle nunca ha sido parte integral del proceso político en este país", dice el sociólogo Khalid al Dakhil. EL PAÍS DE MADRID