MATÍAS CASTRO
"Complejo" fue el adjetivo más usado ayer por el maestro coreógrafo argentino Mauricio Wainrot y el director del ballet del Sodre, Julio Bocca, para referirse a "Un tranvía llamado deseo". La obra se estrenará el 18 de este mes.
"Es compleja por el desarrollo que exige a la compañía en esta puesta", explicó ayer Julio Bocca, "Acá no van a ver tutú, que es la vestimenta clásica, ni tampoco algo como El cisne negro de la película. Van a ver un trabajo fuerte de los actores. Es algo difícil de interpretar porque los bailarines tienen que encarnar personajes". Esta versión de la emblemática obra de Tennessee Williams parte del punto en que termina la original: cuando Blanche Dubois entra al manicomio.
Transcurre toda en ese recinto, con la protagonista recordando distintos momentos de su vida y de lo que se veía en la original. Tal como Wainrot indicó ayer, la puesta explora también cosas que en la obra original eran solamente mencionadas. "Luego de ocho años de no verla me di cuenta de lo compleja que es esta obra, que es paradigmática del teatro estadounidense", explicó Wainrot.
Según adelantó Bocca parte de la producción se realizará con elementos del Teatro San Martín y parte de la escenografía es hecha en Uruguay. El diseño de escenografía y vestuario corresponde a Carlos Gallardo (artista plástico, escenógrafo y diseñador de vestuario argentino).
Wainrot contó que cuando recibió la invitación de Bocca hacía ya varios años que no ejecutaba esta obra. Bocca, por su parte, consiguió los derechos, cosa que no es sencillo en el caso de los trabajos de Tennessee Williams y de éste en particular. "Empieza cuando la obra de teatro termina, en el manicomio. Es una versión libre en la que Blanche recuerda lo que vivió", explicaba el coreógrafo argentino.
Durante la conferencia de presentación estuvieron también presentes ocho de los diez bailarines que interpretarán a los cinco personajes, alternándose entre función y función. Rosina Gil y Sofía Sajac, por ejemplo, encarnarán a la atribulada Blanche Dubois.
Para Bocca un punto difícil de la obra es que a los bailarines les exige encarnar personajes difíciles y densos. Adelantó que la puesta es dura ya que incluirá violaciones y hasta violencia afectiva.
"No me importan las definiciones", apuntaba Wainrot en respuesta a una pregunta formulada en la conferencia de prensa sobre si esta obra es más ballet que narración o viceversa. "Giselle y El lago de los cisnes cuentan historias pero en un lenguaje clásico. Las etiquetas quedan para los críticos, que las necesitan. A mí no me gusta tener etiquetas".
La referencia a obras clásicas no fue casual, ya que uno de los aspectos que ha destacado en este proyecto es que se apoya en una obra contemporánea (aunque para el público más joven pueda parecer vieja por haber sido gestada tras la Segunda Guerra Mundial). "No hay compañía de baile que no tenga obras contemporáneas", explicó el coreógrafo y agregó que esto tiene que ver con la inquietud de cada una a la hora de abrir sus horizontes y mostrarse inquieta.
La música, por otra parte, corresponde al compositor e investigador Bela Bártok, que falleció dos años antes del estreno de la obra original. "Me pareció que la música de Bártok era adecuada para la complejidad sicológica de los personajes", explicó Wainrot, para luego explicar qué piezas incluyó en esta obra. En otras oportunidades había trabajado con su música con buenos resultados de la crítica, según contó.
Pero si la complejidad de la música de Bártok puede ser un punto a favor con respecto a la sensibilidad y a la coherencia, implicó también un trabajo en particular. La reconocida bailarina uruguaya Sofía Sajac sorprendió al hacer una aclaración: "Me pareció que la música de Bela Bártok es perfecta para este drama. Pero por otra parte es de las cosas que más me han costado para desarrollar el trabajo".
Para Bocca, precisamente, un desafío así era lo que quería buscar. Su intención era poner a los bailarines ante algo complejo que los impulsara a superar sus temores y dar más. El resultado de la apuesta se verá a partir del 18.
Bailando entre dos épocas que se chocan
Para Wainrot esta obra es "paradigmática" de los Estados Unidos. "Al haber sido estrenada en 1947 corresponde al contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial", explicó. "Tenés a Stanley Kowalski, que es un militar y que representa la nueva América. Y tenés a Blanche Dubois, que representa la vieja América, una persona a la que le queda su cultura pero no el dinero, entre otras cosas. Yo traté de que todas esas cosas se vieran".
El punto de vista que eligió Wainrot para hacer su versión tiene mucho que ver con ese repaso a la evolución de Estados Unidos, ya que los acontecimientos más importantes en la vida de Blanche son recreados a través de sucesivos flashbacks, "cuando ya todo ha ocurrido y sólo quedan jirones deshilvanados de su memoria", según el texto de presentación. "La obra revive, en forma constante y obsesiva, los nudos desencadenantes de la progresiva crisis de Blanche: el suicidio de su marido, la imposible convivencia con su hermana y su cuñado Stanley Kowalski, la relación con Mitch -de quien recibe afecto y confianza- y, sobre todo, el permanente enfrentamiento con Stanley. Blanche y Stanley representan dos mundos y dos culturas muy diferentes. Son, también, paradigmas de dos épocas que se enfrentan sin ninguna posibilidad de comprensión", agrega su presentación en la carpeta de prensa.
Wainrot es Director Artístico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín de Buenos Aires, institución que ha aportado vestuarios y otros elementos para esta puesta. Además, es coreógrafo invitado del Royal Ballet de Flandes, Bélgica, para el que ha creado 11 obras desde 1992.
Con dos versiones a la vez
Exactamente el mismo fin de semana en que se estrene la versión en el Sodre de Un tranvía llamado deseo, llegará a escena una versión teatral dirigida por Roberto Jones y protagonizada por Victoria Rodríguez y Álvaro Armand Ugón. La puesta en escena se realizará en el Teatro Alianza y sus responsables han anunciaron que planifican tenerla en cartel hasta fines de junio. La ambientación y el vestuario corren por cuenta de Nélson Mancebo y la música es de Fernando Ulivi.
Una obra clásica estrenada en 1947 y adaptada a varios medios
Marlon Brando y Vivien Leigh contribuyeron a darle un espaldarazo mundial a esta obra de Tennessee Williams a través de la adaptación cinematográfica que dirigió Elia Kazán en 1951. Leigh, de hecho, ganó un premio Oscar por su interpretación de Blanche Dubois. La versión teatral había sido estrenada en 1947 y ganado el Pulitzer a Mejor Drama en 1948. La versión de cine fue como una extensión de la teatral, ya que ésta también fue protagonizada por Brando y dirigida por Kazán, aunque en lugar de Leigh actuaba Jessica Tandy. El impacto de la obra fue tal que no solo fue adaptada al cine sino que también pasó al mundo de la ópera, de la mano de André Previn, en 1995, al ballet en 1952 y a la TV, en dos películas de 1984 y 1995. La de 1984 era protagonizada por Anne Margret y Treat Williams, mientras que la de 1995 fue con Alec Baldwin y Jessica Lange.