RENZO ROSSELLO
Dos uruguayas viajaron a Israel y Palestina como observadoras de un programa patrocinado por el Consejo Mundial de Iglesias. Vivirán durante tres meses con árabes palestinos en calidad de acompañantes. Su cometido es contribuir al proceso de paz.
"La expectativa que tengo es que, en la medida de mis posibilidades, mi presencia allí va a lograr aliviar en algo el sufrimiento del pueblo palestino en los territorios ocupados", dijo María Martha Delgado unas horas antes de su partida.
María Martha es desde hace años activista por Derechos Humanos y cofundadora del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) en Uruguay. Aunque nunca estuvo en Medio Oriente, no es la primera vez que encara una misión compleja como esta. Trabajó durante algunos años en Chiapas, México, con los pueblos indígenas luego del alzamiento zapatista de 1994.
La activista es consciente de que viaja a una región convulsionada por las recientes revueltas en Egipto, Yemen, Túnez, Bahrein y ahora Libia. El oleaje de estas revueltas populares llega con particular intensidad a Israel y Palestina, foco desde hace más de medio siglo de lo que genéricamente se suele denominar el "Conflicto de Medio Oriente".
"Soy bastante escéptica respecto de las soluciones políticas, confío más en la capacidad de la gente organizada pacíficamente que en los políticos", apunta María Martha.
La dirigente de Serpaj vivirá durante tres meses en la aldea palestina de Yanoun, a unos 12 kilómetros de Nablús, en el valle del Jordán.
Alicia Herrera es la otra uruguaya que viajó con el mismo objetivo, como parte del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (Peapi), del Consejo Mundial de Iglesias.
Alicia es directora de arte de una agencia de publicidad y vive desde hace años en Ecuador. Tiene dos hijas, de 19 y 20 años de edad, y visita regularmente Uruguay. También desde su fe cristiana sintió que la experiencia del programa podía resultar interesante. "No estoy sesgada, voy super abierta a lo que pueda observar allí", comentó Alicia, también unas horas antes de su partida.
Al igual que su compañera María Martha, Alicia manifiesta su abierta simpatía por los palestinos. En su caso le tocará estar en Jerusalén Este, territorio que forma parte de la autonomía palestina pero que cuenta con varios asentamientos judíos. "Hay que detener la ocupación, Israel tiene que respetar lo que dice la ONU", argumenta Alicia.
LOS OBJETIVOS. La tarea de María Martha y Alicia será la de "acompañar" a los palestinos en su vida cotidiana, estar junto a ellos durante movilizaciones pacíficas y registrar los problemas que se susciten en las áreas ocupadas de la Cisjordania.
Dentro del conflicto israelo-palestino el capítulo de los colonos judíos es uno de los más complejos y de los que más críticas le ha valido a Israel. De hecho, el proceso de diálogo entre ambas partes se mantiene en suspenso luego que la Autoridad Nacional Palestina denunciara la continuidad de estas construcciones en territorio de Cisjordania, territorio que los israelíes continúan llamando bajo sus nombres bíblicos de Judea y Samaria.
La cercanía de estas colonias y el control militar que Israel mantiene sobre los límites con las tierras palestinas son el objeto de este programa de observadores que integran las dos uruguayas. Los militares israelíes mantienen severas medidas de control debido a los ataques regulares de elementos extremistas que intentan accionar tanto contra sus contingentes, como contra poblaciones civiles israelíes.
Sin embargo, las tensiones terminan por afectar poblaciones que se sustentan, principalmente, en la agricultura. Tal es el caso de la aldea árabe de Yanoun, en el valle del Jordán.
Nicolás Iglesias, coordinador del programa Peapi en Uruguay, que también viajó hace unos meses para conocer de cerca el problema, explicó cuál será el cometido de las observadoras. "Esta es una zona de agricultura, cuyos territorios están vallados y muchas veces las áreas de cultivo de familias palestinas quedan al otro lado de esa valla. Lo que hacemos, entonces, es acompañar a los campesinos hasta las `puertas`, que así se llaman, controladas por el ejército y ver que no tengan problemas en pasar", explicó Iglesias.
Los acompañantes del programa llevan chalecos que los identifican como tales, "se trata de ser una presencia disuasoria", explica Iglesias.
De todos modos, en la óptica de los activistas, los mayores problemas no son con los efectivos militares sino con los colonos de los asentamientos. "De todos modos, los colonos al ver la presencia de acompañantes tienden a calmarse", señala.
"Los precedentes de agresión, han sido mínimos en todo este tiempo", reconoce Iglesias.
En el curso de estas misiones, los activistas también suelen trabajar junto a activistas israelíes pacifistas u opuestos a la construcción de asentamientos. "Hay muchas organizaciones israelíes en Jerusalén con las que se trabaja, incluso religiosas como `Rabinos por los Derechos Humanos`, entre otras", explica.
Grupos cristianos crean el programa
El Consejo Mundial de Iglesias implementó el Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel desde 2002, tras recibir un pedido de los cristianos palestinos. Durante los primeros años los "acompañantes" eran, principalmente, europeos. Desde 2009 comenzaron a sumarse latinoamericanos, y en 2011 por primera vez lo hacen dos uruguayas que integrarán un grupo de 28. En Uruguay integran el CMI las iglesias Metodista, Anglicana, Evangélicas del Río de la Plata, Evangélica Luterana, ortodoxas rusa, griega y armenia. Un grupo de 20 voluntarios, entre ellos María Delgado y Alicia Herrera finalmente seleccionadas, recibió la capacitación para participar en estas misiones. Entre diciembre de 2011 y febrero de 2012 partirán otros dos uruguayos.