Argentina acusó a las fuerzas armadas de Estados Unidos de intentar traficar armas y equipo de espionaje como si fueran para un curso de entrenamiento policial, mientras que Washington se dijo desconcertado por la forma en que Buenos Aires manejó el asunto.
Las autoridades argentinas informaron que confiscaron la semana pasada casi 30 metros cúbicos de material no declarado a las autoridades, que incluía metralletas, municiones, medicinas y equipo para espionaje. Estaban en un avión C-17 de la Fuerza Aérea estadounidense que aterrizó el jueves con material para un curso de entrenamiento que un equipo de Fuerzas Especiales norteamericanas daría a la Policía Federal de Argentina tras haber sido invitado para ello.
"Las leyes argentinas deben ser cumplidas por todos sin excepción", dijo el canciller Héctor Timerman al subsecretario estadounidense de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela.
Timerman confirmó luego en una entrevista con la cadena CNN en español que su país presentó una protesta formal ante Estados Unidos porque "todavía no nos han dado ninguna explicación" sobre el material no declarado.
"Argentina ha sufrido dos atentados terroristas (contra la embajada de Israel en 1992 y contra una mutual judía en 1994) y tiene leyes muy estrictas para lo que se puede o no entrar al país", sostuvo el diplomático argentino.
En respuesta, el subsecretario Valenzuela aclaró que "no hubo ninguna intención de violar leyes argentinas".
"Lo que llevan estos aviones son una cantidad de equipos que fueron conversados de antemano con las autoridades argentinas. Si hubo discrepancias en alguna de estas cosas se debió haber conversado y haber tratado de resolver el problema sin pasar a estas acusaciones que son desmesuradas", sostuvo Valenzuela el lunes también a CNN en español.
El gobierno argentino dijo que entre el material no declarado se encontraron aparatos para interceptar comunicaciones, varios GPS de una sofisticación reveladora de su potencia, elementos tecnológicos conteniendo códigos caratulados como secretos y drogas medicinales vencidas, lo cual está prohibido por ley, aclaró Timerman.
P.J. Crowley, vocero del Departamento de Estado, dijo a reporteros en Washington que, excepto el número de serie de un artículo, todo el material importado fue declarado adecuadamente ante las autoridades y fue acordado como parte de un curso de entrenamiento que Argentina había solicitado.
"Tal vez un número de serie no fue declarado debidamente, pero esta era el tipo de cosas que pudo haberse resuelto fácilmente por funcionarios aduanales. Nos preocupa cómo fue manejado" por Buenos Aires, dijo.
Crowley calificó como "muy inusual" el que las autoridades argentinas hayan realizado una requisa. Rehusó precisar si Washington recibió una queja formal de Argentina.
Un juez federal argentino solicitó a la cancillería que le entregue un informe completo, en tanto que algunos legisladores se comprometieron a impulsar audiencias de investigación en torno al asunto.
El equipo estaba destinado a un ejercicio conjunto con la Policía Federal de Argentina para rescate de rehenes. Valenzuela confirmó que el ejercicio fue suspendido por el trato que dieron las autoridades locales al personal estadounidense.
El funcionario, además, reclamó a Argentina que devuelva el material confiscado.
En ese sentido, Timerman dijo que el equipo será devuelto una vez que la justicia argentina lo disponga.
El avión llegó en un momento delicado en las relaciones entre Argentina y Estados Unidos.
Desde que la Casa Blanca anunció que el presidente Barack Obama visitaría Chile y Brasil pero omitiría Argentina en su primera gira por América del Sur, Timerman se ha quejado de las políticas militares de Estados Unidos.
El canciller protestó en particular por el entrenamiento que Estados Unidos provee a policías y militares latinoamericanos en la Academia Internacional Policial en El Salvador.
Esta academia reemplazó a la Escuela de las Américas de las fuerzas armadas de Estados Unidos, donde _a decir de los detractores_ muchas personalidades militares latinoamericanas aprendieron técnicas de tortura que sirvieron en el pasado a las dictaduras en la región.
AP