POR MARTÍN AGUIRRE
¿Había alguien en Uruguay que no supiera que Vázquez iba a ser candidato? Ungida por las empresas de opinión, por los principales analistas y, sobre todo, por la falta de otras figuras que generen consenso en el Frente Amplio, la postulación del ex presidente era "una fija". Los más escépticos alcanzaban a plantear que en caso de que la economía tuviera un imprevisto revés, Vázquez podía llegar a dudar sobre su candidatura. Aunque más no fuera para no arriesgar su lugar en la historia como el primer presidente del Frente Amplio. ¿Porqué se lanza ahora, cuando faltan tres años para la elección? Aquí la respuesta no luce tan clara, aunque las noticias políticas de las últimas semanas dan una idea de cual puede ser el motivo de un anuncio tan fuera de plazo.
El enfrentamiento público sobre el rumbo de la economía en el que se había sumido la coalición oficialista estaba generando una amenaza cierta de inestabilidad política en el gobierno. Ante la ambigüedad del presidente Mujica, los sectores minoritarios habían abierto una verdadera temporada de caza, donde la figura del ministro de Economía era la pieza más codiciada. Frente a esta ofensiva, los intentos del líder natural de los sectores menos ideologizados en el Frente, el vicepresidente Danilo Astori, habían lucido tibios y poco efectivos. Al punto que hasta legisladores del sector del MPP, que se supone funciona como balance en la sorda lucha ideológica y de poder que suele agitar al Frente Amplio, habían empezado a marcar la cancha exigiendo cambios a diestra y siniestra.
La aparición de Vázquez pareció echar un manto de calma sobre estas tensiones, y eso que no lo hizo con un discurso demasiado jugado. Sus primeras palabras parecieron una defensa cerrada del "modelo" actual, al afirmar que "no rompamos estructuras que están dando frutos positivos", y que "para distribuir riqueza hay que generarla". Sin embargo, con la cintura de un jugador número 10, sólo un par de días después se descolgó con una frase como para dejar felices a los más duros dentro del Frente al señalar que "hay sectores que ganaron mucho dinero, por lo que llegó el tiempo de distribuir mejor la riqueza".
Esta súbita irrupción de Vázquez en la escena política generó alegría en algunos, resignación en otros y un velado sentimiento de frustración en determinados sectores de la escena. Los dos primeros son fáciles de determinar. Quienes apuestan todo a una continuidad del régimen actual lo festejaron sin tapujos, como el senador Gamou cuya inspirada reacción fue "ladran Sancho, señal que cabalgamos y con caballo ganador. Qué nerviosos que están". En la otra punta, el senador Lacalle afirmó que "si están recurriendo a un candidato que los une será porque ven que van mal", y Pedro Bordaberry denunció que "están preocupados por mantener el asiento y no por solucionarles los problemas a los uruguayos".
Pero las palabras más interesantes provinieron de los dirigentes del MPP. Allí se ha coqueteado todo este tiempo con la idea de generar un candidato propio que "herede" el fabuloso caudal electoral del presidente Mujica, y pueda ser un polo de resistencia ante la figura de Vázquez, a quien no le perdonan los desplantes que hiciera al propio Mujica cuando fuera ministro y hasta candidato. La frase de Vázquez de que Mujica a veces dice estupideces nunca fue olvidada del todo.
Por ejemplo el ministro Bonomi no parecía tan radiante como Gamou cuando decía que "nunca se discute tan temprano el tema", aunque luego matizaba al afirmar que "en este caso me parece adecuado". Lo mismo la senadora Lucía Topolansky, quien había intimado públicamente a Vázquez a decidir si era candidato, y que dijo que ahora estaba "tranquila".
La preocupación del MPP y de la oposición por la irrupción de Vázquez tiene fundamentos. En los segundos, más allá del favoritismo que dan al ex presidente las encuestas, aún a tres años de la elección, su llegada puede polarizar la discusión dentro del propio Frente, generando una mecánica de oficialismo y oposición que deje sin espacio de maniobra y figuración a los partidos en el llano. En el MPP la preocupación debe ser cómo mantener una cohesión en la ya atribulada interna frentista, cuando se suma al panorama una figura que aglutina tanta fuerza en su entorno, y que históricamente ha tenido contrastes importantes con la visión del presidente Mujica.
En el entorno del actual mandatario se deben preguntar para qué sirve tener tantos votos si cuando se aportaron a la campaña de Vázquez, este después no los tuvo muy en cuenta en su gobierno. Y cuando lograron llegar al poder, derrotando en una sufrida interna al favorito de Váz-quez, este ahora se convierte en un poder paralelo, dispuesto a marcarles el rumbo desde las sombras. En una coalición tan heterogénea ideológicamente, y que ha heredado del batllismo su consustanciación con el poder ¿a quien responderán los dirigentes medios?, ¿al caudillo actual que no tiene mucho más para ofrecerles?, ¿o al candidato que les puede asegurar su continuidad en la banca o el cargo en el próximo período?
El dato.
Según una encuesta de noviembre de 2010 Tabaré Vázquez es el político más popular del país, con 70% de aprobación, y 17 de desaprobación.
La frase I.
"Parece increíble que no haya pasado un año de gobierno y ya estemos pensando en elecciones". (Luis Alberto Lacalle).
La frase II.
"Hay que exigirle al gobierno que se ocupe de los problemas del país y no de quién va a ser el candidato". (Pedro Bordaberry).