SEBASTIAN DA SILVA
Un técnico no puede ventilar por la prensa el esquema táctico para enfrentar un partido de fútbol, mucho menos sus dudas, sus variantes y su charla técnica. De hacerlo, estaría advirtiendo al rival sus puntos flacos y le estaría dando ventaja.
Tampoco es serio que un gobierno llene todos los días los titulares de los diarios discutiendo nada más ni nada menos que aspectos tributarios. Esto no solo erosiona la política fiscal de una administración, sino que genera una sensación de incertidumbre que puede atrasar, o detener una inversión genuina.
Si esta proliferación de declaraciones se hace a olfato o por talenteo es mucho peor aun, porque se basan en supuestos erróneos como efectivamente está ocurriendo en nuestro país. El vicepresidente Astori, que si hay algo que sabe es de números, les aclaró en castellano algo evidente; es mentira que la bonanza no repartió hacia abajo, más bien todo lo contrario. Llegar a casi una tasa de desempleo estructural no es beneficiar a los ricos, se trata de ir incorporando a la gente con mayores dificultades a los mecanismos formales de ganarse la vida. Y que no hay mejor instrumento para atender las desigualdades que el gasto social, no la política tributaria.
De todas formas hemos escuchado del Presidente, de legisladores, de jerarcas, de ministros y de actores políticos sindicales las medidas que enunciaremos a continuación. Bajar el IVA al 20%, subir la tasa mínima del IVA, aplicar retenciones a las exportaciones agrícolas, incorporar el impuesto al patrimonio a la propiedad rural, aumentar la tasa de impuesto a la renta de las empresas agropecuarias, limitar la inversión en tierras por parte de extranjeros, sacar a los más ricos para darle a los más pobres, devolver parte del IVA a los sectores más humildes, universalizar una asignación familiar aumentada, colaborar con los pasivos, quitar las exoneraciones de los proyectos de inversión productivos, ponerle impuestos a los emprendimientos turísticos, ver las industrias prósperas para ajustar su tributación, ponerle impuestos a los "sojeros", subir la franja del IRPF, aumentarlas en los sectores de más ingresos etc. etc...
Todo este fárrago de alternativas fue expuesto, difundido y explicitado en tan solo veinte días, logrando poner al Uruguay en un pie de alerta tan inentendible como perjudicial. De hacerse la cuarta parte de esta andanada de propuestas la gallina de los huevos de oro quedará desplumada, mirando cómo el sentido común fue derrota- do por una lógica del haraki- ri de quienes en vez de apro-vechar para capitalizar en obras y transformaciones todas las virtudes de esta mejoría económica, atentan contra la base misma de la bonanza solo para obtener mejor perfil político.
Desde esta página hemos difundido nuestro optimismo, nuestra perspectiva de que por imperio del destino el Uruguay estaba en los albores de un salto cualitativo importante. Este optimismo es pensar siempre que se puede estar mejor, que nada es para siempre, y que lo que no se logre en las buenas menos se logrará en las malas.
Pero el gobierno se empezó a mirar el ombligo…