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Ex Presidente de la República
¿Te interesa esta noticia?Con insuperable elocuencia la realidad golpea día a día con su rotundo mensaje. Rapiña, arrebato, hurto, muerte. Una muerte, dos muertes, tres… Un menor, diez, veinte. Una fuga, cien fugas. "No es imputable", "el plazo es exiguo", "roba para comprar pasta", "¡hagan algo!". Así hace meses, años… Desde esta realidad se han elaborado diagnósticos de todo nivel, son ya suficientes. Desde los medios de difusión han opinado padres, educadores, integrantes del Poder Ejecutivo, magistrados y legisladores. Se han ideado soluciones que van desde leyes ordinarias hasta modificaciones de la Constitución. El punto debe darse por suficientemente discutido y se debe pasar de los hechos y opiniones a la aprobación de actos jurídicos, de decretos y leyes. Pero ¿están las responsabilidades solo en los niveles de gobierno? Rotundamente, no.
Este no es un tema de "ellos", es claramente de "nosotros", nuestro, en el más amplio sentido. El delito, la inseguridad, la sensación de indefensión nos ha perturbado a todos, a todos los niveles y en toda la geografía nacional. Por altruismo o por egoísmo todos debemos de hacer lo que nos corresponde, para lograr resultados y para cumplir con las propias obligaciones personales y colectivas, porque no solo de derechos se trata, somos sujeto de deberes. En círculos concéntricos, comencemos por el primero que es el de la familia. Sabemos que el concepto es hoy muy lato, que abarca desde el núcleo tradicional a las parejas de hecho, pasando por las monoparentales y todas las formas que se puedan imaginar. Pero donde hay paternidad y maternidad o tutoría, debe de haber autoridad. Dónde están los muchachos durante el día y -sobre todo- la noche, quiénes son sus amigos, sus compañías. Fijar horas de retorno a la casa, vigilar el desempeño en los estudios, encontrarles un trabajo cuando es pertinente. Revelarles, con delicadeza, las verdades de su cuerpo, de la sociedad, marcar la línea entre lo correcto y lo incorrecto, conocer a sus educadores. Nada más ni nada menos. Traer hijos al mundo es fácil, encaminar vidas no. Pero es preciso asumir los deberes que ello conlleva.
Los educadores complementan en valores lo de la familia y agregan conocimiento sistemático. Desde la conducta en clase, es decir el respeto, las buenas maneras, la corrección en el lenguaje hasta el comportamiento en los recreos, en las inmediaciones de los locales, la responsabilidad de los directores, docentes y auxiliares de servicio es clara. Disciplina, calificaciones, convocar a los padres, tener el respaldo de las autoridades de la enseñanza, son los instrumentos. La patología de padres que toman partido por sus hijos ante el reclamo del docente, de autoridades que temen la disciplina o que faltan un 20% de las veces, lejos de desanimarnos, nos debe convocar a decidir , ejercer en plenitud la autoridad. La educación moral y cívica y el transmitir sentimientos nobles es posible, tan posible como que por muchos años se hizo y se hizo bien .
Los magistrados, entendiendo por tales a los jueces y fiscales, tienen que aplicar la ley, llevarla del papel a la realidad y ésta es una tarea compleja. Ante todo, detectada una carencia legal o el defecto de una norma, no permanecer en una pasividad cómplice sino que, mediante la vía correspondiente, sugerir cambios o modificaciones. Si el plazo para remitir los antecedentes se sabía que era escaso, pues proponer una modificación a la ley. Reunirse para analizar los resultados que han dado en la vida real, las normas que a su tiempo se pusieron en vigencia; hacer un balance, más allá de los casos concretos. Sobre todo, no temer a la hora de sentenciar o de acusar .
El Poder Ejecutivo es el principal responsable de suministrarnos seguridad. Debe abandonar el temor al ejercicio de la autoridad que ha caracterizado su actuación durante los últimos años. Autorizar el pedido de identificación; con los recursos -que sobran- construir buenas cárceles y edificios funcionales para los menores infractores en lugar de las escuelas del crimen y coladores como son los actuales. Convocar a sus legisladores -que son la mayoría del Parlamento- a reconocer las nuevas realidades sociales para regularlas.
En el Poder Legislativo hace mucho que se han propuesto proyectos. Baja de imputabilidad, aumento de penas en el Código del Menor, conservación de antecedentes, mayor severidad en materia de omisión de los deberes de la patria potestad. En especial y por respeto a todas las opiniones, es imprescindible que todos estos proyectos sean puestos a votación. En el recinto deben de verse los votos. Actuamos en representación y deben de saber nuestros mandantes lo que hacemos. No a través de declaraciones, sino en el acto de votar. Esa es nuestra responsabilidad.
Y los medios de comunicación, lo suyo. Es decir reflejar la realidad, publicar todas las opiniones y dar a publicidad cómo votan cada uno de los responsables de establecer un nuevo marco legal. Como vemos, todos somos responsables. Pero más que nadie quienes, en sentido amplio, gobernamos. En marzo el Parlamento es el gran escenario y los ciudadanos estarán atentos y vigilantes.









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