FEDERICO CASTILLO
El martes se abrirá por tercera vez el corralito mutual. Pese a que este año bajaron las exigencias para cambiar de mutualista y aumentó el número de habilitados para hacerlo, las autoridades sanitarias prevén, una vez más, poco movimiento.
Fidelidad. Esa es la palabra que más repiten en el Ministerio de Salud Pública (MSP) cada vez que se habla de una nueva apertura del corralito mutual, cuando anualmente se libera a los usuarios amparados en el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) a que puedan cambiarse de una mutualista a otra.
Es verdad que desde que en 2009 se habilitó esta posibilidad por primera vez, los usuarios que optaron por abandonar su institución mutual han sido pocos (nunca superaron el 10%), pero este año los requisitos de antigüedad para cambiarse bajaron de siete a tres años y los habilitados aumentaron en forma considerable: son 725.465 las personas que podrán migrar de mutualista. El año pasado eran poco más de 260.000 y en el primer año unos 100.000.
Aún así, ni las autoridades sanitarias ni las representaciones de usuarios prevén un gran trasiego de afiliados. El argumento que manejan es ya un clásico: el socio es "fiel" a su mutualista.
"Lo que ha demostrado la historia es que hay bastante fidelidad de los afiliados por sus instituciones", sostuvo Raúl Lombardo, director alterno de la Junta Nacional de Salud (Junasa).
"Es muy difícil de predecir comportamientos individuales, pero uno piensa, un poco por la historia anterior, que no va haber grandes cambios. El sistema está bastante más estable y hay más satisfacción del usuario en términos generales en todas las instituciones. Eso va a contribuir a que no haya un gran porcentaje de cambios", argumentó y puntualizó que si bien esa es una estimación personal, la misma percepción tiene el resto de los integrantes de la Junasa.
Lilián Rodríguez, representante de los usuarios en ese organismo, lo confirma. "Ya se ha demostrado en las aperturas anteriores de los corralitos. La gente no sale corriendo a cambiarse de prestador, salvo que sea algo muy urgente o grave", dijo a El País. "No creo que lleguemos ni al 8% de los habilitados a cambiarse", estimó.
Información. Los medios de comunicación están hoy inundados de publicidades de mutualistas que, a toda hora, promocionan sus beneficios y ventajas para captar a esas 700.000 personas que quedarán libres de acción desde el 1° de febrero y durante todo el mes. Un mercado apetecible.
Tickets y órdenes gratuitos, consultas odontológicas sin costo, servicio de emergencia móvil, el mejor plantel de médicos, la tecnología más avanzada; estos son sólo algunos de los "ganchos" que la publicidad utiliza para atraer nuevos afiliados. Desde la representación de usuarios de la Junasa se observa la avalancha publicitaria con cierto recelo.
"Lo que le decimos a la gente es que desconfíen que todo es gratis, y que me dan esto y lo otro, porque después eso siempre cae en desmedro de la calidad de atención", advirtió Rodríguez.
"Queremos recalcar que la gente no se cambie sin asesorarse", prosiguió. "Que tenga claro que hoy no se obliga a los trabajadores a estar en la salud privada (cómo lo hacía la ex-Disse). Hoy los trabajadores pueden optar por el prestador público, que no cobra ticket ni órdenes y que además a veces tiene prestaciones más amplia que el resto de los privados", señaló.
Más allá de las publicidades, que evidentemente muestran lo que se quiere mostrar de una mutualista, el usuario no tiene mayores herramientas objetivas para evaluar qué institución es mejor que la otra.
La única información disponible, publicada en el sitio web del MSP (www.msp.gub.uy), es el valor máximo de las órdenes y tickets para consultas, exámenes y medicamentos que tiene cada mutualista.
Ahí se puede constatar que el abanico de precios es bastante amplio. Una orden para consulta en emergencia puede costar $ 376 en una mutualista y $ 103 en otra. Pero hay diferencias aún más notorias, un estudio de resonancia nuclear magnética tiene un costo máximo de $ 1.565 en una institución y en otra, el mismo estudio, tiene un valor de $ 298.
Pero más allá de estos datos, que por cierto son muy útiles para el usuario, aún está en el debe la información sobre la gestión de cada mutualista. Cuál es la que cumple con mayor efectividad las metas sanitarias trazadas por el gobierno, qué institución respeta con más regularidad los tiempos de espera para consultas, etc.
El director alterno de la Junasa admitió que de momento no está sistematizada esa información como para ser divulgada. "Está proyectado que el usuario tenga información a partir de las metas y los resultados, datos más concretos que contribuyan a la decisión, en lugar de que elija sólo por la publicidad", dijo.
En febrero del año pasado, cuando el corralito mutual se abría por segunda vez, las autoridades sanitarias tenían el mismo discurso, aunque reconocían que no es sencillo trasladar información fidedigna de ese tipo al usuario.
Lo más difícil de controlar, se argumentó, es que los resultados que brindan las mutualistas sobre su desempeño no sea maquillados, que estén ajustados a la realidad.
La representante de los usuarios en la Junasa aseguró que los reclamos más frecuentes que le llegan de parte de los afiliados a las mutualistas tienen relación con los tiempos de espera para acceder a consultas con médicos generales o especialistas. Dijo que muchas veces estos tiempos no se cumplen como está estipulado por el MSP. "Eso pasa por mutualistas que están abarrotadas de usuarios, mutualistas que no han adaptado sus recursos humanos a los cambios, a esta captación feroz que hacen", protestó Rodríguez.
"Un médico referente tiene que estar cuando tú lo precises y no cuando haya número", cuestionó.
Intermediación. El denominado corralito mutual se aplicó en el año 2002, durante el gobierno de Jorge Batlle, como forma de terminar con la intermediación lucrativa (ofrecer dinero para captar socios) que estaba haciendo estragos en las economías de las mutualistas. En esos años de crisis en el país, siete mutualistas cerraron sus puertas. Pese a todo, y a que en un contrato de gestión firmado hace un par de años todas las instituciones mutuales acordaron no realizarla, la intermediación lucrativa (que está penada por ley) aún existe y apunta ahora a captar colectivos familiares del Fonasa, por ejemplo.
El año pasado hubo dos mutualistas sancionadas y varias personas fueron procesadas por incurrir en esta práctica. En los alrededores del Banco de Previsión Social (BPS) aún se pueden ver a los "gordos" (así se denomina a quienes hacen esta tarea) ofreciendo, en voz baja, beneficios para ir a determinada institución.
Usuarios piden más libertad
Las autoridades del Ministerio de Salud definieron que de ahora en más será de tres años la antigüedad mínima en una mutualista exigida al usuario para que pueda cambiarse a otra en febrero de cada año. En la primera apertura del corralito mutual se exigían diez años, en la segunda siete.
La representante de los usuarios en la Junta Nacional de Salud (Junasa), Lilián Rodríguez, reconoció este avance, lo aprueba y le parece positivo, pero aseguró que el colectivo de los usuarios apunta a que "en un futuro no muy lejano quede totalmente abierta la posibilidad de pasar de una mutualista a otra y que la gente se pueda cambiar con mayor libertad". "Queremos libertad total, es a lo que aspiramos, pero entendemos las razones de la otra parte", agregó.
Si bien las autoridades sanitarias reconocen en la intermediación lucrativa una de las razones para regular la movilidad de los usuarios, también se intenta generar con esto una determinada estabilidad en las instituciones
Uno de los ejes de la reforma de la salud es la consolidación del médico de referencia o de familia. Que cada usuario tenga un profesional que conozca su historia personal, y eso sólo se puede lograr si el paciente tiene un vínculo estable con la institución, que no esté cambiando en forma permanente.
El plazo de tres años para realizar el cambio de institución es el más adecuado, de acuerdo con estudios realizados a nivel internacional, destacó el presidente de la Junasa, Luis Gallo.
Con la cédula a la elegida
El trámite que los usuarios deben realizar para cambiar de mutualista es sencillo. La persona debe ir a la institución elegida y presentar allí su cédula de identidad. Las mutualistas cruzarán luego toda la información del afiliado. Los habilitados a cambiarse son 475.785 trabajadores activos, 50.535 pasivos y 199.145 menores. En total suman 725.465.
Hay 1.600.000 personas afiliadas al sistema privado de salud, mientras que 1.200.000 pertenecen, actualmente, al subsector público.