CLAUDIO FANTINI
Un hecho inesperado en el lugar menos pensado. Que la inmolación de un joven detone una protesta que derribe a un presidente, es algo que jamás ocurre en el mundo árabe, no porque falten problemas sociales y sobren libertades, sino porque los regímenes autocráticos están blindados contra las revueltas populares.
A un gobernante árabe puede derrocarlo un golpe militar o una intriga palaciega, pero no un estallido social. Así desplazó Gamal Abdel Nasser al rey Faruk en Egipto y Muhammar Jadaffy al rey Idris en Libia. También fueron conspiraciones las que llevaron al poder a Hafez el-Assad en Siria y a Saddam Hussein en Irak. Pero al presidente de Túnez lo derribó la calle.
Es cierto que los militares no cumplieron la orden de reprimir, tal vez por recomendación de EE.UU. Pero en Túnez, la policía tiene más efectivos que el ejército.
El derrocado había llegado al poder traicionando a su mentor. Habib Bourguiba estaba viejo, pero no sólo era el impulsor de la independencia, sino también de la economía más abierta y moderna, y del sistema más democrático del mundo árabe. Primero gobernó con partido único y modelo socialista, pero desde mediados del setenta, Bourguiba fue un modernizador y un aperturista político. Ben Alí lo derrocó prometiendo más democracia, pero se convirtió en un autócrata. Por eso no cayó por un golpe de Estado, sino por un estallido social. La atmósfera era combustible por la explosiva mezcla de inflación y desempleo, con la corrupción desenfrenada del clan Trabelesi, encaramado en el poder gracias a Leila, la inescrupulosa primera dama.
Desde el guerrero cartaginés Aníbal, con la excepción del notable Bourguiba, no es común que la tierra de los antiguos tirios, vándalos y bereberes genere personajes que influyan más allá de las fronteras. Lo logró Mohayed Bouazozi, el vendedor ambulante que se inmoló cuando le confiscaron su mercadería.
Su protesta encendió el estallido social que derribó a un poderoso autócrata en una región donde hay pobreza y autoritarismo, pero los gobiernos sólo caen por golpes militares o por intrigas palaciegas.