EL PAÍS-MADRID | J. RUIZ MANTILLA
Salida del armario por Twitter, memorias y nuevo disco. Padre de gemelos y todavía sex symbol, Ricky Martin. De haber traspasado fronteras en español como objeto de deseo para unas a ser hoy para otros hay un salto importante.
Primero, en números: el día en que Ricky Martin lanzó por Twitter su confesión más íntima empezaron a seguirlo dos millones de usuarios. Después, en felicidad. "Hoy acepto mi homosexualidad como un regalo que da la vida. ¡Me siento bendecido por ser quien soy!", dijo cuando lo soltó en la red. Por último, en cifras. Que el niño prodigio del grupo preadolescente Menudo, capaz de causar furor en los `80, se transforme hoy en un hombre maduro y gay puede cambiar las tornas y avivar hasta el lánguido y moribundo negocio del disco.
¿Un mal negocio? No parece. Ahora acepta que muchos le puedan echar en cara las consecuencias de su bombazo como una medida operación de marketing. Lo hizo justo antes de que aparecieran sus memorias, y cuando preparaba un nuevo disco.
Pero, antes que nada, fue un desahogo: "Bueno, pueden pensar lo que quieran. En este punto de mi vida, con mi libro publicado creo que he sido completamente transparente. Como he dicho en alguna ocasión, lo que pase a partir de ahora no lo sé, yo lo único que digo es que estoy en paz". Todo lo demás le resbala. "El resto qué importa. La gente desde que salí ha visto esa realidad, esa honestidad, esa cara limpia. Algunos dirán que lo hice para vender discos; pues bueno, si lo piensan así es porque nunca se han puesto en mi lugar".
El artista comenta todo eso con la cara recién lavada, el pelo mojado tras una sesión de fotos en el cuarto de baño, tomándose un cafecito y dispuesto a confesarse a fondo en un hotel de Madrid. Es el nuevo Ricky. Sin medias tintas. Transparente y feliz. Con su libro en la calle y nuevo disco. Más: Música + Alma + Sexo, en el que cuenta sin ambages su liberación y su antiguo calvario. Un disco que le ha servido para decir hasta aquí en canciones como Basta ya, en el que restan esencias del Ricky eterno, dirigido a los de siempre y a la vez a un nuevo público, el firmamento gay universal.
Las confesiones son directas y muy sinceras, se siente liberado y cómodo al hablar de su presente, de su pasado y de lo que tenga que venir. Ya está harto de esconderse. "Cuando acepto todo, me miro fijamente al espejo y me digo: esta es tu naturaleza, deja ya de pelear, de batallar. Quiérete, ámate… Coño, si yo hubiera gastado las mismas energías en un gimnasio para tratar de dominar una manera de ser, tendría los abdominales más envidiables del mundo".
Desde que a los 11 años se subió a un escenario con otros muchachos de su edad, no ha parado de correr. Correr hacia adelante. Correr sin pensar, sin mirar a los lados. Correr para huir de sí mismo y sin saber bien quién era. Trataba de agradar para conseguir ser aceptado y aceptarse. Un día, Madonna, gran amiga suya, se lo dijo: "Deja ya de dar entrevistas, Ricky. Todo el mundo sabe quién eres". Pero ¿y él? ¿Lo sabía él? "Yo no lo sabía. Como cuento en el libro, veía 200.000 personas desde un escenario, en estadios, tres continentes en 24 horas, y tenía una necesidad enfermiza de ser aceptado y trabajar y trabajar para no pensar mucho".
En ese mismo libro, toda una reafirmación de su identidad titulada Ricky Martin. Yo, el cantante cuenta su existencia para llegar al punto de no retorno y aceptar cada una de las consecuencias de lo vivido, lo sufrido, lo escondido, sin ambigüedades. "No, no, no vale que me digan lo que soy. Yo sé lo que soy, y soy un hombre gay".
Pero lo curioso de su caso fue que antes había construido una carrera sólida como latin lover. Un lugar con nubes y claros, de placer y tormento, que fue convirtiéndose en una jaula, una prisión donde él solo sabe cómo vivió. Decidió afrontar todo cuando bajó de lleno a los infiernos, cuando se sintió verdaderamente infeliz, con rabia, soledad y reacciones desmesuradas a sus actos. ¿Cómo se digiere eso? "Llegué a tocar fondo", reconoce. "Yo me vi muy abajo, abajito. Pero ese es otro libro. Prendí la luz y no prendía, tiré vasos y vasos contra la pared. Estaba frustrado, desesperado, no sabía quién era y cómo compartirlo: tú representas esto, eres Ricky Martin, el símbolo sexual, y estás cansado. Llevaba desde los 11 años trabajando como un animal para ser algo y entonces no veía otra salida para no pensar que no fuera vámonos de fiesta o si no me quedo aquí con los pijamas puestos".
Con sus memorias en la mano, Ricky Martin, técnicamente, podría catalogarse como bisexual. Muchas mujeres aparecen en sus páginas. Incluso su primera experiencia en la cama, presionado. "No la disfruté nada, pero me insistían. Tienes que hacerlo, estás preparado ya, todas las niñas lo están esperando, es lo que tú simbolizas. Bueno, pues vamos, vamos, y todo resultó un desastre. Yo decía: `y tanto, tanto que hablan para esto, por Dios…`. En mi familia no se hablaba de sexo, era tabú, me eduqué en un colegio católico, era monaguillo".
Pero él jura que sus relaciones con mujeres no le han desviado ni un ápice de su identidad sexual. En que aquello era un velo impuesto por otros y también por él mismo. "Sí, he amado y gozado con mujeres y me he sentido en calma, en paz y deseado y he deseado yo a alguna mujer. Pero en este momento yo sé quién soy. Mucha gente me dice ahora que en aquella época quizá yo estaba intentando convencerme de algo. Bueno, llámalo como tú quieras, pero en ese momento yo sé lo que sentía".
Y lo que sintió fue atracción por los hombres desde siempre. "Yo creo que al igual que el heterosexual, con cinco o seis años cuando vas a la escuela y hay una nenita que te gusta, pues lo mismo para el homosexual. Lo que pasa es que uno trata de bloquear ese sentimiento cuando alrededor toda una sociedad, una religión, un entorno, te dicen que eso está mal. No se supone que uno sienta de esa manera, y desde el primer momento que lo intuyes paras el cosquilleo ese en el estómago y llega la confusión, el engaño".
Es difícil de entender en su caso. Más en un mundo cosmopolita, abierto, en la farándula de Livin` la vida loca cantada por el burro de Shrek. Sencillamente se esperaban otras cosas de él y todo el entorno le llevaba a la conclusión de que lo que realmente sentía era malo. "Por lo que yo representaba, tanto en mi familia, en mi país, en la música", dice.
"Tu amiguito no tiene dos papás"
Lo más irónico y lo más aleccionador para quien como Martin sufre antes de dar el paso, es que no ha ocurrido nada desde su confesión. Al contrario. Nadie le retiró el saludo. "No, no, al contrario, así mismo es. Pero como estás condicionado desde que naces, pierdes la autoestima, tienes miedo. Pero yo ahora vivo un momento en el que celebro cada paso que doy, y mis hijos…"
Mateo y Valentino son los primeros. Porque vendrán más, asegura. Ricky Martin hoy es un padre feliz. "Muchos me dicen qué egoísta soy al traer al mundo niños sin una madre; todo es relativo, de qué color vas a presentar su realidad, de todos los colores, nadie es igual y cuando me pregunten les diré que el amor que existía dentro de mí hacia ellos fue lo que hizo que encontrara la manera de traerles al mundo y sentirse únicos a su manera".
Tampoco tiene miedo a las dudas que vengan. "No todas las familias son iguales, hay familias con mamás y otros seres humanos andan por la vida sin haber sido deseados. Lo importante es que tienen amor. El concepto de familia es relativo, más amplio. Cuando vengan del colegio y me digan: "Mi amiguito tiene mamá, ¿por qué yo no?", les responderé: "Tu amiguito no tiene dos papás". Sentido común. "Es jugar con eso y su autoestima, que sean felices y alejarlos de aquello que les vaya a pisotear. No hay espacio en mi casa para aquello que ponga en peligro su autoestima y su dignidad".
Derecho a la boda
El nuevo Martin anda feliz con su pareja. ¿Habrá boda? "No nos hemos parado en la alfombra roja, ni hemos dado entrevistas. En España puede pasar, el matrimonio entre personas del mismo sexo debe ser un derecho en todas partes. Ese papelito para muchos no es importante, pero para otros sí lo es. Una vez hablé de esto y ya dijeron: `Se va a casar`. Quiero tener ese derecho por si un día me levanto y digo: `vamos, ¿dónde está el juez?` No significa que la cosa sea ya. Inmediata".
Un camino muy propio también desde la música y los orígenes
Buscó una fórmula propia, mestiza, que le convirtió en ícono de un estilo difuso, pero comercial y pegadizo. El pop latino. "Las etiquetas me inquietan un poco, nunca he sido purista ni quiero serlo. Mestizaje, que es lo que hago. Hay melodías muy pop que se convierten en rock. Pueblo, gente, masas, bulla". La cosa cuadró sobre todo en Estados Unidos. Pero ese es un Dorado que no solo vale para los del Sur. "Los Beatles también lo buscaron, estaban muy contentos cuando llegaron a América y eran anglosajones".
Es un mercado, un mundo donde resulta difícil ser aceptado. "En algún momento de mi vida yo he sentido el racismo allá". Fue en comparación a cómo le recibían en otros sitios. "Lo sentía como un encasillamiento, como que no me iban a querer ni aceptar si no me convertía en uno de ellos. Mi música no representaba descaradamente el sonido latino".