MATÍAS CASTRO
Los gatos no solamente caen siempre de pie, sino que también tienen nueve vidas. Al menos eso es lo que dice el dicho y reafirman algunas de las figuras del espectáculo. Es una cuestión de actitud. Y la actitud puede leerse como "no me importa nada, sigo adelante con lo mío". Paris Hilton, siempre elegante y con su media sonrisa repleta de aires de superioridad, puede dar algunas clases sobre esto, luego de arrestos, escándalos, polémicas y mucho más.
Lindsay Lohan, chica problemática del cine estadounidense, también puede dar un seminario sobre el asunto. Aparentemente está negociando para debutar como diseñadora de joyas para una marca reconocida en su país. Y, luego de ver como se manejan algunos vericuetos del mundo de los famosos, es probable que solamente ponga su cara y su firma para acompañar las joyas y que el diseño lo haga otro. Pero eso es lo de menos, porque la cuestión es que después del año más agitado de toda su vida, con cárcel, arrestos, rehabilitación, fugas, denuncias, prohibiciones, peleas, drogas y mucho más, ya tiene por delante nuevos negocios.
Por una parte es real que tiene que generar dinero sea como sea, ya que nadie vive gratis (aunque probablemente Paris Hilton pueda ser una excepción), por lo que es comprensible que se las ingenie para armar un nuevo negocio. Y, por otra parte, no deja de llamar la atención cómo su nombre sigue generando dinero a pesar de lo poco que ha hecho últimamente.
La suya es una clase particular de famosos, porque no cualquiera puede sobrevivir a los veinticuatro años a todos los golpes que ha sufrido su carrera (básicamente por su propia actitud) y seguir con otras puertas abiertas. Es cierto que Lohan, como muchas otras, no conocen otra forma de vida que no sea la de la celebridad. Y ese es un buen motivo para buscar como sea nuevas opciones para mantenerse en el lugar que se ocupa. Aunque sea diseñando joyas y cayendo siempre de pie.