THE ECONOMIST
Economías fuertes, monedas en alza y creciente inflación han generado un dilema a los políticos en América Latina que están recurriendo a medidas poco ortodoxas.
Habiéndose sacudido rápidamente la recesión mundial de encima, muchos países latinoamericanos están prosperando nuevamente. Las economías de la región crecieron a un 6% el año pasado, de acuerdo a una estimación preliminar de la Cepal.
Este buen desempeño, ligado en gran parte al boom mundial de los commodities, ha atraído flujos de capitales extranjeros. Con esto se ha producido un problema familiar: las monedas de la región han aumentado en valor frente al dólar, haciendo poco cómoda la vida a los industriales latinoamericanos. Ellos se encuentran excluidos de los mercados de exportación o luchan por competir con importaciones baratas.
Los gobiernos, preocupados, están lanzando una batería de medidas para intentar contener el valor de sus monedas. ¿Funcionará?
Este mes, sólo Chile anunció que comprará US$ 12.000 millones de divisas extranjeras en 2011 y Brasil comenzó a requerir a sus bancos cubrir el 60% de sus apuestas contra el dólar, con depósitos en el Banco Central por los que no entregará ningún interés. Perú está comprando dólares también, e igualmente ha ampliado los requisitos de reserva de divisas para los bancos. Los bancos centrales de México y Colombia también están interviniendo para comprar dólares. El anuncio de Chile provocó una caída inmediata del peso de ese país y otras monedas se han estabilizado temporalmente, pero no hay garantía de que estas medidas serán efectivas al mediano plazo.
En parte, las monedas más fuertes reflejan economías más fuertes de América Latina. El auge de los commodities juega con la ventaja comparativa de la región: China y la India están devorando la soja y el hierro brasileños, el cobre chileno y la plata peruana. Brasil y Colombia han hecho ambos grandes descubrimientos petrolíferos.
Todos estos países de la subregión tienen muy buenas políticas económicas y están profundizando sus sistemas financieros. Con dinero barato y pobres ganancias en el mundo desarrollado, América Latina se ha convertido en un destino tentador para los inversionistas.
Guido Mantega, ministro de Hacienda de Brasil, ha culpado de la apreciación del real y de su abultada cuenta de importaciones a la política monetaria de Estados Unidos y al rechazo de China a permitir la apreciación del yuan. El real se ha apreciado un 38% sobre el dólar en los últimos dos años.
Hay signos de sobrecalentamiento: la inflación de los productos no transables en Chile es de 6,4% y los salarios de Brasil están aumentando a tasas de dos dígitos.
Las empresas afectadas están aullando. Las viñas de Chile necesitan un tipo de cambio de $ 530 para ser rentables, según René Merino, representante de la industria. En Brasil, la asociación de industriales de Sao Paulo afirma que "el exceso de importaciones de bienes de consumo han dado lugar a un vertiginoso proceso de desindustrialización", que cuesta 46.000 empleos en la manufactura y US$ 10.000 millones en pérdidas de producción en los primeros nueve meses de 2010.
Desafortunadamente, las monedas fuertes y las economías sobrecalentadas plantean un dilema para las autoridades. Si los bancos centrales suben las tasas de interés para frenar la inflación, se arriesgan a impulsar aún más el fortalecimiento de sus monedas. Pero si sus intervenciones en el mercado de divisas llevan las monedas hacia la baja, puede aumentar la inflación.
En Brasil, el sobrecalentamiento se ha visto agravado por la demora del gobierno en retirar los estímulos fiscales aplicados durante la recesión.
El nuevo gobierno de Brasil ha dicho que frenará su déficit fiscal, aunque muchos economistas se muestran escépticos en cuanto a la profundidad de los recortes presupuestarios. Mantega ahora acepta que la política fiscal expansiva ha ayudado a elevar las tasas de interés y la moneda, algo que previamente negaba.
Para aliviar la presión sobre las monedas, los gobiernos están cambiando algunos de sus activos en el exterior.
Colombia ha instado a Ecopetrol, la empresa petrolera estatal, a abstenerse de repatriar sus beneficios internacionales. El Congreso de Perú está considerando un proyecto de ley que elevaría el tope de la inversión extranjera por los fondos de pensiones, del 30% al 50% de sus activos. Brasil acaba de autorizar a su fondo soberano a transar derivados de divisas.
También se están buscando herramientas menos ortodoxas. Brasil introdujo un impuesto del 2% en la compra de bonos por parte de extranjeros el año pasado, y luego la aumentó a 4% y después a un 6%. Colombia y Perú, también han adoptado impuestos para los no residentes. Colombia está considerando la posibilidad de reinstalar la exigencia a los compradores extranjeros de depositar el 30% del precio de sus inversiones financieras en el país durante un año, sin intereses.
Es difícil medir la eficacia de estas medidas, ya que nadie puede saber cuál sería el tipo de cambio sin ellas. Los banqueros están preocupados porque podrían funcionar demasiado bien. "Ten cuidado con lo que deseas", dice Marcelo Carvalho, economista de BNP Paribas en Sao Paulo. "Si te esfuerzas mucho para ahuyentar a los inversionistas, es posible que tengas éxito".
En este contexto, las reformas, a menudo descuidadas, de los impuestos, las leyes de infraestructura, la burocracia y el trabajo ayudarían a los fabricantes a competir.
Las cifras
6% Es el impuesto que cobra Brasil a la compra de bonos por parte de extranjeros, una de las medidas poco ortodoxas que aplicó.
12.000 Son los millones de dólares que anunció Chile que comprará en 2011 para detener su caída.