Que el Uruguay avance. Que el gobierno, gobierne. Que defina un rumbo claro y que avance en ese sentido sin más dilatorias.
Que el presidente no sólo nos cuente por radio lo que piensa que se debe hacer, sino que finalmente lo haga.
Que la manida reforma del Estado se encare, de una vez por todas, o se admita que este objetivo se ha abandonado. Y que mientras se adopta una definición no sigan creando cargos innecesarios para cumplir con compañeros que no han sido electos.
Que la economía uruguaya siga en expansión. Y que finalmente se acepte que la bonanza no será eterna, y que cuando sobra conviene guardar algo para cuando haya poco.
Que la oposición termine de definir su papel. Que entienda que tan importante como cooperar en lo que corresponde es controlar y denunciar cuando es preciso.
Que el Parlamento trabaje más y legisle mejor. Y que las leyes surjan del trabajo parlamentario, y no de acuerdos en la interna del Frente Amplio que, por trabajosos, luego nadie se anima a enmendar.
Que la sociedad toda dedique más tiempo al presente y en especial al futuro, que al pasado, por doloroso que éste pueda ser.
Que los paros, las ocupaciones y los piquetes dejen paso al trabajo duro y al diálogo constructivo. Que todos entendamos que Uruguay tiene un problema creciente de baja productividad que puede terminar comprometiendo su futuro.
Que todos cumplan las normas. Que quien no lo hace sea castigado por ello. Pero, a la vez, que el Estado pase menos tiempo ideando nuevas regulaciones e invierta más energías en ver cómo facilita la vida a los que quieren hacer las cosas bien, producen y generan empleo y oportunidades.
Que se trate del mismo modo al inversor cuando se lo quiere atraer para desembarcar en Uruguay y cuando ya desembarcó.
Que no se cambien las reglas de juego sobre la marcha.
Que se mejore la distribución de la riqueza. Pero que los recursos no salgan siempre de los mismos bolsillos. Que el Estado también haga un esfuerzo, deje de gastar más de lo que debe en todo aquello que no necesita, y dedique los fondos a las emergencias que ha establecido, que no son las de contratar a más amigos en el gobierno nacional ni las de crear cargos innecesarios de confianza con sueldos excesivos.
Que se haga algo, de una vez por todas, para sacar a los niños de la calle.
Que se entienda que dar más dinero a la educación no equivale a una mejor educación. Y que haya un plan para empezar a revertir la terrible crisis que padece la enseñanza en Uruguay.
Que no vivamos con miedo. Que se entienda que quien sale a trabajar o a estudiar debe ser amparado en su derecho, humano por cierto, de no ser víctima de los delincuentes. Que se libre una lucha sin pausas contra el crimen que nos está robando el país que solíamos tener.
Yo les mandé esta carta a los Reyes Magos. ¿Usted cree que mañana, al lado de mi alpargata me encontraré con otra, a modo de respuesta, diciendo "Don Pepe, no sea nabo"?
elpepepregunton@gmail.com