BRASILIA | O GLOBO / GDA
"Vengo a consolidar la obra transformadora del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, con el que tuve la experiencia política más vigorosa de mi vida", afirmó Dilma Rousseff, la primera mujer que asume la Presidencia en la historia de Brasil.
En una jornada lluviosa, que obligó a la presidenta a hacer el recorrido en un Rolls Royce con la capota extendida -el vehículo fue protegido por una agente de la Policía Federal, además de la custodia masculina- y a ingresar a la sede del Congreso por la amplia entrada posterior que está techada, y ante presidentes de numerosos países, entre los que se encontraba José Mujica, Rousseff, economista de 63 años, enfatizó que profundizará "la obra de un presidente que cambió la manera de gobernar y llevó al pueblo brasileño a tener más confianza en sí mismo y en el futuro del país".
A pesar de la lluvia, que por momentos fue intensa, miles de personas se congregaron en las calles de Brasilia y en la explanada del Congreso, donde se había instalado una pantalla gigante para difundir la ceremonia, con la finalidad de saludar el paso de la nueva gobernante y también expresar su agradecimiento al presidente saliente, Lula, por los resultados que tuvo en su gestión de gobierno, de la que se retiró con un nivel de popularidad del 87%.
La presidenta llegó al Congreso a las 15:30, hora uruguaya, junto al vicepresidente Michel Temer, veinte minutos después prestó juramento constitucional y el presidente saliente, Lula, le impuso la banda presidencial. Los dos se abrazaron. A continuación, el cuerpo legislativo, senador José Sarney la declaró investida del máximo cargo del país. Gritos de "¡Dilma, Dilma!", surgieron desde la barra, hasta que comenzó el himno nacional.
En el discurso, que pronunció con emoción al extremo que estuvo al borde de las lágrimas dos veces, Rousseff no dejó duda de la orientación de su gobierno: "El mayor homenaje al presidente Lula es ampliar y avanzar en la conquistas de su administración. Bajo su liderazgo, el pueblo brasileño hizo la travesía hacia la otra margen de nuestra historia. Mi misión es consolidar ese pasaje y avanzar en el camino de una de las naciones más generadoras de oportunidades." Agregó que "el vicepresidente Michel Temer y yo nos sentimos responsables de seguir el camino que iniciaron Lula y nuestro querido vicepresidente e incansable luchador, José Alencar".
LOGROS. "Vivimos uno de los mejores periodos de la vida nacional: se crean millones de empleos; nuestra tasa de crecimiento fue más que el doble de la anterior y cerramos un largo periodo de dependencia del FMI, al tiempo que superamos el problema de la deuda externa", sostuvo. "Por sobre todo, redujimos la histórica deuda social, rescatando a millones de brasileños de la tragedia de la miseria y ayudando a otros millones a acceder a la clase media. Sin embargo, en un país tan complejo como el nuestro, siempre es necesario querer más, descubrir más, innovar en los caminos y buscar nuevas soluciones".
Estimó que "para dar continuidad al actual ciclo de crecimiento, es necesario asegurar la estabilidad de precios y seguir eliminando las trabas que todavía inhiben el dinamismo de nuestra economía, facilitar la producción y estimular la capacidad emprendedora de nuestro pueblo, de las grandes empresas y también de los pequeños negocios locales, de la agroindustria y de la agricultura familiar. Por consiguiente, es fundamental la implementación de un conjunto de medidas destinadas a modernizar el sistema tributario, orientado por el principio de simplificación y racionalidad. El uso intensivo de la tecnología de la información debe estar al servicio de un sistema que tenga progresiva eficiencia y alto respeto al contribuyente".
Ratificó el apoyo a los grandes exportadores y dijo que el imperativo de un país continental es valorizar el desarrollo regional, "apoyando la vibrante economía del noreste y preservando y respetando la biodiversidad de la Amazonia, en el Norte, dando condiciones a la extraordinaria producción agrícola del centro Oeste y a la fuerza industrial.
La primera vez que debió contener las lágrimas fue cuando extendió la mano a los partidos de oposición y a los ciudadanos que no la votaron: "A partir de hoy, soy la presidenta de todos los brasileños, bajo la égida de los valores", dijo con voz entrecortada.
La segunda vez fue al recordar a sus antiguos compañeros de lucha contra la dictadura militar: "Muchos de los que cayeron en el camino no pueden compartir conmigo este momento. Les rindo mi homenaje. Aquella lucha me dio coraje para amar la vida y enfrentar desafíos aun mayores".
CONSOLIDAR. Rousseff trazó en pocos párrafos las líneas generales de la acción internacional. "Mi gobierno continuará involucrado en la lucha contra el hambre y la miseria en el mundo", indicó. "Seguiremos profundizando las relaciones con nuestros vecinos sudamericanos, con nuestros hermanos de América Latina y el Caribe, con nuestros hermanos africanos y con los pueblos de Medio Oriente y de los países asiáticos. Preservaremos y profundizaremos las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. Vamos a prestar gran atención a los países emergentes".
"Brasil reitera con vehemencia y firmeza, la decisión de asociar su desarrollo económico, social y político al de nuestro continente", subrayó. "Podemos transformar nuestra región en un componente esencial del mundo multipolar que se anuncia, dando consistencia cada vez mayor al Mercosur y a la Unasur. Vamos a contribuir a la estabilidad financiera internacional, con una intervención calificada en los foros multilaterales".
"Nuestra tradición de defensa de la paz no nos permite la indiferencia ante la existencia de enormes arsenales atómicos, la proliferación nuclear, el terrorismo y el crimen organizado transnacional", manifestó. "Nuestra acción política externa continuará propugnando por la reforma de los organismos de gobernanza mundial, en especial de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad".
sin rencor. La presidenta prometió ser inflexible en el combate a la corrupción y en la defensa del interés público. "La corrupción será combatida de manera permanente y los órganos de contralor e investigación tendrán todo mi respaldo para actuar con firmeza y autonomía", dijo.
"Dediqué toda mi vida a la causa de Brasil. Entregué mi juventud al sueño de un país justo y democrático. Soporté la adversidad más extrema infligida a los que osamos enfrentar la arbitrariedad", expresó al recordar sus tiempos de guerrillera. "No tengo arrepentimiento, pero tampoco resentimiento ni rencor".
Rousseff dijo que no llega al gobierno a realzar su biografía, "sino a abrir puertas para que muchas otras mujeres también puedan, en el futuro, ser presidenta, para que todas las brasileñas sientan el orgullo y la alegría de ser mujer. Vengo a glorificar la vida de cada mujer brasileña. ¡Mi compromiso supremo es honrar a las mujeres, proteger a los más débiles y gobernar para todos".
Consideró que "la vida quiere coraje de la gente. Voy a gobernar con ese coraje. La mujer no es solo coraje. También es cariño. Es cariño que dedico a mi hija y mi nieto, y con el que abrazo a mi madre que me acompaña y bendice. Con ese mismo cariño quiero cuidar a mi pueblo y dedicarle solo a él los próximos años de mi vida".
Después del discurso y de saludar a los presidentes extranjeros -se abrazó con Mujica- Rousseff se dirigió en el Rolls Royce hacia el Palacio de Planalto, sede del gobierno. A lo largo del camino, recibió cálidas expresiones de apoyo de los ciudadanos.