BRASILIA | AFP
Dilma Rousseff asumió con el desafío de imponer su sello a un país que nunca tuvo una mujer en ese cargo, una tarea similar a la que tienen otras mujeres en ejercicio del poder en una región que hasta ahora les reservaba poco espacio en política.
La flamante presidenta de Brasil tiene en sus manos la conducción del gigante sudamericano, pero también la responsabilidad de mostrar que es capaz de ejercer el poder sin ningún tipo de tutela masculina y sin la influencia de su mentor político.
Es el mismo desafío que enfrentan todos los días Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, y Laura Chinchilla en Costa Rica; el mismo que vivió Michelle Bachelet en Chile: el de conducir sus respectivos países con su propia iniciativa, sacándose el "estigma" de haber sido primera dama o de tener un ex presidente como padrino político.
"En Brasil se buscó quitar legitimidad a Dilma Rousseff por el hecho de que fue escogida por Lula, como si ella no fuese capaz de tomar sus propias decisiones sólo por el hecho de ser mujer", dijo la profesora Rosemary Segurado, doctora en Ciencias Sociales que se desempeña en la Universidad de San Pablo.
Según esta especialista, Rousseff, Fernández y Chinchilla se encuentran ante la "necesidad de mostrar que no son la sombra de nadie. La política en América Latina es un espacio masculino, y a la sociedad le cuesta aceptar que ellas tengan sus propias opiniones, ideas e iniciativas".
En el caso de Rousseff, el hecho de nunca haber disputado una elección antes de vencer en los comicios presidenciales de este año, era visto como la prueba de que "ella apenas era la continuación del gobierno de Lula, y eso claramente es descalificar su trayectoria", dijo Segurado.
De hecho, Rousseff formó un gabinete en el que varias figuras prominentes, como el ministro de Hacienda y el de Defensa, vienen del gobierno anterior.
Pero también incorporó figuras de su propio entorno en un equipo que tendrá un récord de mujeres: ocho en total, entre ministras y secretarias con rango ministerial.
En el caso de Chinchilla, fue vicepresidenta y ministra de Justicia de Óscar Arias, con quien se lanzó al primer plano de la política costarricense, aunque más recientemente se verificó un alejamiento del líder local y premio Nobel de la Paz, como para delimitar su propio espacio e imprimir su sello personal a su gestión.
Ya para Fernández, recordó la especialista, se decía que era más influyente que su marido Néstor cuando era senadora, y cuando se tornó presidenta "parecía que ella no tenía una trayectoria política anterior".
Ahora que su marido falleció, su imagen se vio favorecida, y de hecho los sondeos la señalan como la candidata con más chances para las elecciones presidenciales de 2011, con 46% de intención de voto.
Segurado recordó el caso de la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, quien antes de ocupar el Palacio de La Moneda tuvo la sensible tarea de ser ministra de Defensa, para negociar con unas Fuerzas Armadas en gran parte influenciadas por la figura del ex dictador Augusto Pinochet.
"Bachelet es el caso de una mujer que tiene una trayectoria propia, personal, y logró mostrar que no era apenas una creación del ex presidente Ricardo Lagos, sino una figura pública", dijo la analista.
Otras mujeres llegaron al primer plano de la política de sus países por su relación matrimonial con líderes locales, como la argentina María Estela Martínez de Perón, la nicaragüense Violeta Chamorro o la panameña Mireya Moscoso.
Mirlande Manigat, también una ex primera dama, disputa el segundo turno de las elecciones en Haití.
Ayer no sólo asumió Dilma la presidencia de Brasil, sino que también comenzó a ejercer su nuevo cargo Michelle Bachelet, ahora al frente de la dirección ejecutiva de la organización ONU Mujeres, entidad creada para reunir las políticas de la Organización sobre el tema.
Las mujeres "llegamos para tomar decisiones para siempre, y todas las decisiones, no sólo las fáciles", dijo Michelle Bachelet en una reciente entrevista al diario O Estado de San Pablo.
La ex mandataria chilena opinó que la presidencia de Rousseff "dará visibilidad al hecho de que las mujeres de todo el mundo deben tener mejores condiciones y ser vistas como actores que deciden. Eso contribuye a cambiar la creencia de que las mujeres son ciudadanos de segunda clase".
La bienvenida de los líderes otros líderes del mundo
GÉNERO
"Bienvenida al club de compañeras de género", dijo a Dilma Rousseff la presidenta argentina Cristina Fernández, que no acudió a la toma de mando y pasó fin de año con su familia en la provincia de Santa Cruz.
GIGANTE
El venezolano Hugo Chávez definió a Rousseff como una mujer que "se va a convertir, como Cristina, en otra gigante". "Sabemos de dónde vienes: de las batallas por Brasil, de las batallas duras", dijo Chávez.
COMPROMISO
El norteamericano Barack Obama expresó a Rousseff su "compromiso para hallar nuevas formas de colaboración" en "energía sostenible, crecimiento económico mundial y otros temas de importancia mundial".
CONTINUIDAD
El líder iraní Mahmoud Ahmadinejad comentó que está "seguro de que Brasil proseguirá en la senda del progreso y el desarrollo". Rousseff se mostró un poco más distante hacia él que su antecesor Lula.
IZQUIERDA
El presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero sostuvo que con Rousseff se consolida en Brasil "el proyecto de la izquierda netamente democrática y el proyecto de Luiz Inácio Lula da Silva".