Domingo 11.12.2011, 08:54 hs l Montevideo, Uruguay.
 
 
 
 
 
 
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

La rica Argentina

Julia Rodríguez Larreta

Luego de haber recorrido más de mil kilómetros, primero al sur hacia Lobería, y luego rumbo al noroeste, hasta la provincia de Santa Fe, uno queda maravillado con lo que es esa pampa argentina. Con la riqueza de ese campo que se abre generoso para que el hombre lo trabaje y le saque fruto. Tanto más amigable que el de otras regiones donde el ser humano ha tenido que ingeniárselas para sortear las dificultades de los terrenos escarpados, creando terrazas como las que vi hace poco, en las laderas de las montañas del Perú, inclusive hasta en el misterioso Machu Pichu o en los alrededores de Cuzco.

Son interminables las extensiones, laboreadas a la perfección a cada lado de la ruta. Impresionan con sus diversos cultivos (aunque la soja haya ido ganando en predominio), exponentes de la exuberancia de esa tierra y el know how desarrollado del sector rural, dando pauta del potencial de este país y solo en lo referente a la agricultura. A ojos vista, tiene mucho esta nación, para ser catalogada de granero del mundo.

Sin embargo, también es palpable la gran contradicción que rodea a esta abundancia. Resulta cruelmente irónico, que esa misma fortuna, tal vez sea causa de sus males. De sus crisis políticas, de sus desgobiernos, de sus debilidades institucionales y del flagelo de la corrupción que cual monstruo de siete cabezas, invencible se multiplica anestesiando a una sociedad que ha ido perdiendo los reflejos para reaccionar. Sucede que por más que hayan malos gobiernos, se gasten mal los dineros público y no se administre bien; por más que se robe y que la gente enferme de descreimiento, la Argentina aguanta y resurge, una y otra vez.

No llegará a los estándares de vida de Canadá o de Australia, pero se las arregla, máxime con los precios de los commodities actuales, -aun cuando se graven sus exportaciones o se las dificulte-, que hoy en paridad se asemejan a los de los años 20 del siglo pasado. Por otra parte existen los bolsones,- no de pobreza, que también los hay-, sino de argentinos, que no solo se dedican con esfuerzo y seriedad a lo suyo, sino que sobresalen local e internacionalmente, en diversidad de actividades, desde las académicas hasta las deportivas.

En estos momentos, cuando los trigales ya pintan de dorado el verde paisaje, en la Capital se aprontan para el estreno de la nueva Administración al mando de Cristina Kirchner. Y nunca mejor aplicado lo de "mando", porque si alguien tuvo alguna duda sobre que pasaría con ella al dejar de contar con la presencia y el respaldo de Néstor, ya la habrá descartado hace tiempo, y sobre todo, los que giran a su alrededor. Al frente de "un peronismo que ya es más bien costumbre, sin doctrina ni pasión" al decir de Abel Posse, la Presidente se reafirma en lo que hoy se denomina el "cristinismo". La composición del gabinete demuestra que casi no hay un referente peronista propiamente dicho y es fácilmente perceptible su voluntad de concentración del poder.

En los finales de su vicepresidencia, antes de recibir la banda presidencial del vilipendiado Julio Cobos, el gobierno empezó a tomar ciertas medidas. Demostrativas de que una vez que las urnas aseguraron el triunfo, había llegado el tiempo de hacer ajustes. De que no era posible seguir con la manipulación de las estadísticas y la historia oficial del modelo y de alguna manera había que hacerse cargo de todos estos años con aumentos siderales del gasto, del número de empleados públicos, de los planes sociales de toda índole aunque funcionales al clientelismo, a menudo sin control (Madres de la Plaza) y una locura en subsidios. Será la sociedad, sobre todo una parte, la que tendrá que apechugar con esta carga, mientras la inflación creciente que castiga a todos y que termina siendo el peor de los impuestos es un problema de proporciones.

Junto a estos cambios, otras características se mantienen, como las presiones a la justicia o el intervencionismo económico y el sesgo policíaco tributario y financiero que no tiene sin embargo, paralelo en lo que a seguridad ciudadana se refiere.