Viernes 28.10.2011, 07:53 hs l Montevideo, Uruguay.
 
 
 
 
 
 
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Se acerca el día D

Julia Rodríguez Larreta

Ya falta poco para llegar a las próximas elecciones del 23 de octubre en Argentina. Unos comicios presidenciales que se destacan, no por la fiebre electoral que suele precederlos siendo los más importantes para cualquier país, sino por todo lo contrario. Reina una sensación de apatía general que deriva del casi pleno convencimiento de que la actual Presidenta seguirá al mando y de ahí, que se trata de una campaña electoral sumamente desabrida, sin debates interesante, grandes emociones, ni mayor derroche publicitario.

Segura como se siente la candidata, solo se preocupa por anunciar obras que la muestren como una hacedora, inclusive adelantándose a los reales hechos, en varios años. A la Central Atucha III que acaba de lanzar con bombos y platillos todavía le falta mucho para que pueda comenzar a funcionar. Seguramente, no antes del 2014.

Así que Amado Boudou, su compañero de fórmula, ministro y guitarrista, es quien hace los deberes de recorrer el país y todo ese trabajo que requieren las candidaturas. De esta forma, Cristina evita que se la pueda criticar de actividad proselitista y de paso, se libra de algo que la aburre bastante.

Lo que sucede en estas particulares circunstancias, es que los enemigos y los peligros no provienen de sus opositores, sino del exterior y de lo que se observa en el devenir económico y financiero. Porque el famoso "modelo" kirchnerista se ha sustentado básicamente en los precios de la soja y el papel que ha tenido Brasil. Pero resulta que éste ha devaluado su moneda cerca de un 20% en los últimos meses y el precio de la soja no solo ha detenido su constante suba, sino que ha estado cayendo. Pero como faltan muy pocos días para el día D, el oficialismo puede seguir como hasta ahora, sin tomar las medidas que debería y que se supone tendrán que venir después, si hay algo de sensatez.

Esa tranquilidad sin embargo, no se advierte en ciertos sectores de la población, ya que la fuga hacia el dólar es grande y continua, debido a la incertidumbre que tiene nerviosa a mucha gente. A la vez, la propia política del gobierno estimula la especulación, dado que mientras se mantiene el dólar para no enturbiar el suceso electoral -el cual ambiciona supere holgadamente los resultados obtenidos en las previas elecciones primarias-, el tipo de cambio se mantiene anclado y con las tasas bajas. Es buen negocio entonces sacar crédito e ir a comprar dólares. Si el lunes pasado fue negro en las bolsas del mundo, en la Argentina fue aún peor. El descenso del Merval en un 6,7%, es revelador del alto grado de desconfianza existente y es un hecho, por más que se trate de disimular, que las reservas del Banco Central se han reducido, entre los pagos de deuda y la dolarización constante. En lo que va del año, las reservas brutas han perdido más de US$ 3.200 millones y hoy están cerca los niveles de comienzos del 2010.

Mientras tanto, los adversarios políticos se preocupan más en diferenciarse con sus otros colegas de la oposición y sacarse ventaja entre ellos, que respecto de la Presidenta a la que todo el mundo descuenta como futura vencedora.

Los que se encuentran en peor situación son los que arrancaron esperanzados antes de las primarias; uno al frente del tradicional Partido Radical y el otro como principal referente de los peronistas que no tragaban a la viuda. Pero todas sus ilusiones y pronósticos se hicieron añicos el 14 de agosto pasado, tras el vapuleo que los dejó a ambos muy mal parados.

El ex gobernador de Santa Fe, Hernán Binner, (socialista) que según los sondeos más serios cuenta con un 16% de intención de voto, a lo que está abocado es a conseguir la mayor ventaja posible dentro de la oposición y ocupar el segundo puesto hoy tan codiciado.

Todo es relativo en esta vida.

Por su parte, Rodríguez Saá, lucha desde su terruño particular, la provincia de San Luis, para quedarse con el tercer lugar y tener la satisfacción de descolocar aún más, tanto a Alfonsín, como a Duhalde, con la esperanza de pescar en las aguas de los disidentes.