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Julia Rodríguez Larreta
Muy a menudo, buenas razones hay para que a los uruguayos nos preocupe lo que ocurre en la vecina Argentina, dado que no es raro que luego replique de este lado del río. Y más aún, cuando es notorio que suele ser mucho más contagioso lo malo, que lo bueno.
Sin embargo, la audiencia pública llevada a cabo en la Cámara alta del Congreso argentino esta semana, algo que merece destacarse como un rico aporte al debate de un tema complejo y delicado pero muy necesario, como lo es el de "la muerte digna", sigue los pasos ya dados en nuestro país donde en abril de 2009 se firmó la ley N° 18473 de Voluntad Anticipada. Una legislación que sustenta ese mismo criterio, buscando impedir el "ensañamiento terapéutico" hoy favorecido, irónicamente, por el impresionante adelanto de la medicina en los últimos tiempos.
Pruebas de que los progresos técnicos y farmacológicos pueden migrar de lo humanitario a lo inhumano abundan y el martes pasado, en el Congreso argentino se escuchó más de un testimonio desgarrador. Uno de ellos se refirió a Melina, una niña a quien a los tres años se le diagnosticó una enfermedad degenerativa del sistema nervioso y que además padecía una severa deformación de la columna. Según contara su madre, Susana Bustamante, la joven, que murió a los 19 años, luego de muchos meses postrada en una cama del hospital Garraham, pedía que la dejaran morir. Cuando por fin falleció, pesaba 18 kilos.
Durante más de cuatro horas se escucharon en el recinto parlamentario las exposiciones realizadas por especialistas en medicina, derecho, bioética y sicoanálisis. En su mayoría, favorables a que se vote una herramienta legal que contemple los deseos del paciente, al tiempo de dar protección legal a los médicos intervinientes. Hay cinco proyectos presentados, pero el del senador Cabanchik (Proyecto Buenos Aires Federal) fue el más comentado pues aborda casi todos los aspectos alrededor de este tema tan sensible para la sociedad, que trata nada menos, que del pasaje del ser humano, de la vida a la muerte. Una discusión en la que intervienen y se contraponen concepciones diversas, desde lo ético, lo moral, lo filosófico y lo religioso.
El articulado pretende que sea tenida en cuenta la voluntad del enfermo y en caso de no poder expresarse en forma personal, o no lo haya hecho previamente, podrán los familiares o tutores pedir la suspensión o no instauración de un soporte vital que por el pronóstico, en términos de cantidad o calidad de vida futura, resulte fútil. Siempre que exista un dictamen médico por escrito, que hable de un estado irreversible. Respecto a los reparos de conciencia que pudiera llegar a tener el galeno, se estipula que éste no será forzado a hacerlo, pero la institución médica donde trabaja deberá encontrar un equipo médico que cumpla con la decisión del paciente.
El progreso que representa la reciente discusión y análisis de los proyectos que permanecían más o menos dormidos, tiene detrás, como ocurre tantas veces, un elemento catalizador. En esta ocasión se trata de una mujer llamada Selva Hebrón, una joven madre, docente de 37 años, decidida a luchar para que desconecten a su hija Camila, del respirador que la mantiene con vida desde que llegó a este mundo, hace más de dos años. La beba nació muerta por una mala praxis al momento del parto, pero la reanimaron durante 20 minutos y su corazón volvió a latir, si bien nunca pudo hablar, ver, oír o caminar y desde entonces yace acostada en la cuna de una clínica.
La protagonista de esta trágica misión recuerda la del italiano Englaro, quien libró una batalla semejante para que dejarán en paz a su hija Eluana, la cual vegetó durante 17 años. Después de 11 años de estudios, análisis y trámites, a principios de 2009, una orden judicial lo hizo posible.
Aunque los ritmos del Palacio Legislativo son lentos, antes de fin de año es factible que la ley cuente con media sanción. Sin embargo, todavía estamos lejos, aquí y allá, de que se abra la otra discusión que falta. La de la eutanasia, ya sea la pasiva o la indirecta.