Miércoles 24.08.2011, 00:14 hs l Montevideo, Uruguay.
 
 
 
 
 
 
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Cristina victoriosa

Julia Rodríguez Larreta

Ríos de tinta y multiplicidad de análisis han corrido después que Cristina Kirchner se destacó con un número impactante de votos. Desde la columna anterior, cuando todavía reinaba la incertidumbre sobre lo que pasaría con las inéditas elecciones primarias, ideadas por Néstor Kirchner después del negativo resultado de los comicios legislativos del 2009. Aquella derrota de la que el Presidente pareció ni darse cuenta, por la forma en que siguió actuando. Como si no hubieran perdido la mayoría parlamentaria y la sociedad no le hubiera mostrado un fuerte rechazo.

Pero una cosa son ciertas apariencias y otra, lo que corre por debajo, pues Kirchner tomó buena cuenta y colocó en la lista de sus enemigos a los que consideró responsables de aquella derrota. El campo y la prensa, en especial Clarín y compañía.

Pero como lo observara muy sabiamente el gran pensador español, Ortega y Gasset, siempre se trata del hombre y sus circunstancias. Y Cristina, la gran triunfadora del acto eleccionario del domingo pasado, emergió victoriosa de sus propias circunstancias. Si bien se trata de un conjunto de ellas, hay tres o cuatro que se destacan.

El golpe de la viudez se transformó rápidamente en un gran activo a su favor y CFK lo capitalizó, (siempre de negro riguroso) muy inteligentemente. Ocurrida la desgracia, su popularidad subió repentinamente hasta superar el 55%. A partir de entonces, evidentemente le llegó a buena parte de la población el mensaje repetido una y otra vez, respecto de su sacrificio y entrega para con el pueblo argentino, a fin de continuar el proyecto y el compromiso de su marido, el ex Presidente.

De ahí en más, su gobierno transcurrió en aura de campaña electoral continuada, con la jubilación de amas de casa conocida popularmente como " la jubilación Cristina", la asignación universal por hijo, planes sociales variados, tarifas de servicios extremadamente baratas, contenidas por el poder o subsidiadas a cualquier costo, carne para todos, prohibiendo su exportación, el cautivante discurso de la política de derechos humanos, etc.

Todo lo cual tuvo excelente resonancia y de forma transversal, atravesando los distintos estratos de la sociedad, al combinarse con una notable confluencia de factores económicos positivos. Aunque no fueran producto de la gestión gubernamental y sí de excepcionales circunstancias, (otra vez) externas, a muy pocos les importan las etiquetas de origen si la economía crece, el consumo entra en categoría de boom y la creciente inflación todavía puede ser absorbida por los aumentos salariales.

Sin ser tan vitriólicos como Hugo Biolcati, el Presidente de la Sociedad Rural, que muy enojado con lo ocurrido, habiendo hecho muy buena cosecha Cristina hasta en las zonas agropecuarias, dijo que "la gente mira el programa de Tinelli y si se puede comprar el plasma, no le importa nada más", la influencia beneficiosa de los factores económicos era posible apreciarla hace tiempo. Por ejemplo, a fines del 2009, en paralelo con la rápida recuperación de la economía, la imagen presidencial de inmediato empezó a repuntar. Del bajo 20 % que mostraba en setiembre de ese año, trepó al 37% poco antes de la muerte de Kirchner, en octubre del 2010.

Mientras Cristina logró enamorar a muchos, -una Evita de pelo negro- y para otros representaba aquello de "más vale malo conocido que bueno por conocer", al tiempo que los escándalos y las sospechas de corrupción en su entorno no le hacían mella, la oposición se ha mostrado hasta ahora, mucho más capaz de canibalismo, de dividirse, que de crear y transmitir algún claro liderazgo.

De acuerdo a las urnas, es muy probable que éstas la favorezcan en octubre. Y en un régimen fuertemente presidencialista como el argentino, recobrada la mayoría en el Congreso, los peligros de un poder hegemónico se agrandan. Si bien su discurso de esa noche sonó conciliador, apelando a la unidad, en su primera conferencia de prensa, después de 556 días no fue lo mismo y la reciente presión a la Justicia, ejercida por la autoridad sobre la ley de medios, no tranquiliza.