Domingo 07.08.2011, 17:44 hs l Montevideo, Uruguay.
 
 
 
 
 
 
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Enrique Beltrán


Desde el recodo

Tras el engaño

Enrique Beltrán

La izquierda prehistórica ha quedado congelada, ya no en su soberbia mesiánica, pues sobra para perderla sus fracasos, crímenes y sus tiranías. Sin embargo aún sigue vigente el terco esfuerzo por repetir lo que tuvo mucho más de pesadilla que de logro. Se mantiene encajonada en la ortodoxia marxista, sin otras desviaciones que las que voluntariamente se aparentan y así alcanzar su objetivo, que apunta a un régimen totalitario. Primero se va haciendo lindero, para terminar identificándose con él. Es decir, allí donde el Estado y el partido que se adueña de él, son todo y la persona humana, cuando los critican, apenas basura que se barre, se pisa, se encierra o se quema. Una mirada sobre las sombras de un pasado todavía reciente sería suficiente para advertir algunos testimonios de su tenaz agonía. Por difícil que sea concebirlo, sobreviven algunos empeños, debilitados pero tenaces. Apuntan a la restauración de esos regímenes, por más que exhibieran en sus renovadas caídas, como los prometidos paraísos, terminaron por ser otros tantos infiernos. Donde el Estado, el partido y la convivencia feliz anunciada, se tradujeron en una muy larga noche de terror, y en la asfixia de la desesperación. Horrores, crímenes censuras y delaciones que durante largos años terminaron por acribillar la esperanza.

Han sido numerosos en el siglo pasado donde entonces lograron cristalizarse en una amplia porción del globo terrestre. Los encabezó la URSS de entonces, Corea del Norte y China en el Asia, forzados los países detrás de la cortina de hierro, que después de la guerra se liberaron. Casi sin excepciones el horror y el fracaso fueron su tenaz compañía, a pesar de la tupida cerrazón con las que pretendieron cubrirlos. Muy de vez en cuando emergían algunos acontecimientos en aquella cuidada oscuridad, donde pronto los ganaban el silencio y la densa niebla. Cuando esos regímenes se desplomaron, quedó en evidencia, tanto el fracaso de los propósitos anunciados, como los millones de víctimas y crímenes con los que aquellas tiranías sembraron en la larga noche, su camino. Empero, nada de lo que resultó una trágica farsa, ha inhibido a los que quieren todavía en nuestra América persistir en aquello que resultó tan siniestra tarea.

Ha sido en Cuba que la han querido repetir para que desde allí se irradiara triunfante a toda América del Sur. Para esos objetivos y valiéndose de engañosos comodines, se hicieron dueños y amos del poder. Con ello fueron creciendo juntos, desde hace más de cincuenta años la tiranía y la pobreza de su pueblo, mientras la delación se instalaba junto al aire que se respira y así se convirtió en misión llena de peligro el intentar alejarse de esa pesadilla. Muchos fueron los que pagaron con su vida la frustrada intentona de liberarse. Lo cierto es que al cabo de cincuenta años de implacable dictadura que procuró llevar su contagio a buena parte del continente americano, solo exhibió cada vez más, la dimensión de su fracaso que se identificaba con la de su atropello. Es por ello que quizás empiezan a verse los primeros atisbos en esa dictadura por escapar también ella, del infernal paraíso prometido. Algunas medidas que se han tomado indican que un régimen dictatorial con exclusivos dueños para hacer y deshacer durante medio siglo aparece obligado a desandar parte del camino y a emprender nuevos rumbos. De poco valdrán si con ellos no se levantan las primeras brisas de las saqueadas libertades.