Martes 02.08.2011, 04:42 hs l Montevideo, Uruguay.
 
 
 
 
 
 
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Pesadilla interminable

Julia Rodríguez Larreta

Fue oportunamente después de las elecciones en la capital, pero igual, el resultado negativo de los análisis de los jóvenes Noble, no cayó nada bien en el entorno de Cristina y sus acólitos. Algo que se vino a sumar al escándalo de Shocklender y la Asociación de las Madres de Plaza de Mayo, ya que ha sido práctica de los gobiernos kirchneristas el utilizar como herramientas para sus fines, a las organizaciones de derechos humanos .

Con la intención de recuperar a los hijos de los muertos o desaparecidos en esa lucha fratricida que enlutó a los argentinos a finales del sesenta y buena parte del setenta, nacieron varias ONG. Como en toda guerra, en esos tiempos se desataron los demonios que llevan dentro los seres humanos, especialmente los más crueles y perversos. Quedaron dolor y heridas en mucha gente pero luego, el accionar de estas asociaciones se mezcló con lo político y la connivencia con el kirchnerismo desvirtuó su cometido primigenio.

Finiquitada la buena relación entre Néstor Kirchner y el Grupo Clarín, comenzó la persecución por parte del poder central. Los dos chicos, adoptados generosamente por una mujer que no había podido ser madre, se convirtieron en carne de cañón. El año pasado, Cristina montó una estrategia para acusar de connivencia con el gobierno militar de la época, a los dueños de Clarín y la Nación por la compra las acciones de la fundida Papel Prensa. Intentó asociarlos inclusive, con crímenes de lesa humanidad. Inculpación que se desmoronó por su propia falta de peso ( no han desistido en su propósito), mientras en forma paralela, se ha hostigado a estos jóvenes sin consideración alguna.

Una forma indirecta de golpear a Ernestina Herrera de Noble, propietaria de Clarín, sin miramiento alguno para con estos adolescentes convertidos injustamente, en codiciadas presas de las Abuelas de la Plaza de Mayo liderada por Estela Carlotto, con el apoyo evidente del aparato oficial.

El jueves pasado, la Justicia confirmó que los exámenes ordenados por la Jueza Sandra Arroyo, muestran que los perfiles genéticos de Marcela y Felipe no coinciden con los de las familias demandantes en la causa por supuesta filiación, ni con los de desaparecidos en 1975 y 1976.

Hace ya 8 años que los Noble ofrecieron la entrega de material para que se analizara su ADN. Lo hicieron forzados por la continua presión a la que se sentían sometidos , a pesar de que ellos mismos, cuya voluntad debería ser la que primara dado que se trata de sus personas y de algo muy íntimo, no estaban interesados en indagar sobre su origen biológico.

Sin embargo, los querellantes se opusieron tenazmente a aceptar la entrega efectuada por los hermanos, apelando en cuanta instancia judicial pudieron. Consiguieron en ese largo proceso, hasta que Marcela y Felipe fueran literalmente vejados, al irrumpir un día en su casa unos funcionarios judiciales que les obligaron a entregar su ropa interior. Supuestamente, para efectuar unas pruebas que después se dijo no habían servido.

El daño sicológico y emocional que se les ha infligido a estos seres que ya de por sí arrastran un conflicto personal, como todo niño adoptado, es seguramente muy grande. Sin embargo, nada de esto parece haberles importado a estas personas impulsadas vaya a saber porque fanatismo o intereses ocultos, al tiempo que el abuso político de este desgraciado caso, es de una insensibilidad monstruosa.

La condena surgida desde la sociedad ante el aberrante acoso, y la exigencia de la oposición para que sus protagonistas elevaran alguna frase de disculpa, una vez conocido el informe, fue tomada con desdén y desoída. Por el contrario, la Sra. Carlotto, que de la defensa de los derechos humanos ha hecho su modus vivendi, transformándose en figura pública que viaja por el mundo (lo mismo que Hebe de Bonafini) así como el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, contestaron que habrán de seguir insistiendo.

La cacería continúa.