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Julia Rodríguez Larreta
El domingo quedó comprobado que los vaticinios de las encuestas no estaban errados, aunque sí hubo diferencias. Mientras los de Poliarquía estuvieron ajustados a la realidad del triunfo de Mauricio Macri, otras le otorgaban una diferencia mucho más escasa respecto a Daniel Filmus, el candidato oficial.
Terminada la jornada de votación, pudo observarse el inmenso contraste entre las reacciones en los dos sectores mayoritarios, que se sucedieron luego en los días siguientes.
Si bien es cierto que es siempre más fácil ser generoso para el ganador, tanto en el discurso al conocerse los resultados, como en sus declaraciones a la prensa, Mauricio Macri transmitió además de su lógica alegría, una buena dosis de paz, junto con un mensaje unificador, de conciliación, consecuente con toda su campaña, (durante ella se preocupó de nunca agredir ni contestar los golpes bajos de sus adversarios), al mismo tiempo que manifestaba su agradecimiento y se mostraba conmovido por el amplio apoyo de los capitalinos.
Una actitud que condice con su profunda preferencia por las enseñanzas espirituales de la filosofía budista, siendo un fiel seguidor del Dalai Lama y su prédica, según cuentan sus amigos de toda la vida.
Después de haber dejado en stand-by su ambición de competir por la Presidencia de la República, al ser reelecto como Jefe del Gobierno de la Ciudad por un margen de votos contundente y mayor aun al obtenido en la elección anterior, con 20 puntos de ventaja sobre el segundo, Macri ha quedado nítidamente perfilado como un líder político nacional. Y esta instancia electoral, sin duda tiene un contenido que va mucho más allá de los límites de la capital.
El mismo lo ha dicho y vuelto a repetir en estas horas; "el Pro tiene un claro destino de crecimiento a nivel nacional", al tiempo que afirma que "gobernar la ciudad es la primera etapa, y luego viene gobernar Santa Fe, Entre Ríos, Vicente López, Lanús..."
Los 830.000 votos logrados por el jefe del Pro son un botín por demás apetecible para quienes aspiran sacar de la Presidencia a Cristina, así que tanto Alfonsín como Duhalde, ya están calculando como acercarse con éxito al reciente triunfador.
El líder radical, últimamente ha demostrado una habilidad camaleónica inesperada, pues de buscar al gobernador socialista, Hermes Binner para que fuera su compañero de fórmula, pasó rápidamente ante su negativa, a invitar a Javier González Fraga, un reconocido economista liberal, (aunque no de posturas extremas), defensor del libre mercado. Apenas conocidos los resultados envió un mensaje bien explícito al decir públicamente que si hubiera sido capitalino, habría votado a Mauricio.
Por su lado, Eduardo Duhalde cuenta con la relación que hace tiempo se estableció ante ambos, así como con las alianzas territoriales que ya tejieron ambos grupos. Pero de todas maneras, antes del 31 de julio es seguro que Macri no habrá de dar ningún paso evidente.
Porque aunque parece mentira, los porteños tendrán que votar en el ballotage, dado que el cristinismo se ha emperrado, a pesar del absurdo que significa que al líder del Pro le alcance con sumar un 3% a la reciente votación, mientras a Daniel Filmus, le hace falta 22 %. Una hazaña que no es simple, aunque intenten atraer para si todos los votos, 12%, de Pino Solanas y demás grupos de izquierda y otros muchos, no se sabe de donde.
Poco importa que la segunda vuelta demande más de 13 millones de pesos del erario público, o la exigencia a los connacionales que tendrán entonces que acudir a las urnas cuatro veces más, si hay balotaje en las elecciones presidenciales. Porque para el 14 de agosto hay previstas otras elecciones, a raíz de la última reforma electoral, calificadas como primarias, aunque no lo serán puesto que los candidatos de cada partido ya están decididos. Así que en verdad es como una primera vuelta de las presidenciales. Darán la pauta de quien podrá ganar.