Lunes 11.07.2011, 23:38 hs l Montevideo, Uruguay.
 
 
 
 
 
 
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Enrique Beltrán


Desde el recodo

Pese a todo

Enrique Beltrán

Hace bastante más de un mes escribí lo que temí fuera mi último Recodo. Mis noventa y tres años, las flaquezas de mi memoria y un duro sacudón afectivo se conjuntaron para que aquel artículo tuviese un aire de despedida. Sin embargo, inquietantes circunstancias que sacuden el país se aliaron para ayudarme a superar aquellas dificultades que creía insalvables.

Una de ellas fue la sesión del Senado donde el oficialismo aprobó, con una presionada mayoría, no la derogación de la ley de Caducidad, sino un inédito acto de prestidigitación, que consiste en hacerla desaparecer, mediante su anulación, con más de veinte años de vigencia y de aplicación de dos plebiscitos en los que el pueblo, en ejercicio de su soberanía, aprobó por una clara mayoría.

Otra circunstancia que contribuyó a ayudarme para superar en esta ocasión mi impuesto retraimiento, fue el demoledor editorial que apareció el jueves 14 de abril, bajo el título de "Los demonios" y que es un llamado emotivo a la comunidad nacional para que tome conciencia del atropello que significó la votación de la ajustada mayoría del Senado para anular los efectos de la ley de Caducidad, en la que fue "una jornada de luto para la democracia uruguaya por varias razones". "La primera es que la ley votada representa un conglomerado de aberraciones jurídicas y violaciones constitucionales como pocas veces se ha visto. Se desprecia olímpicamente principios básicos como el de la cosa juzgada o la irretroactividad de la ley penal más gravosa y se pretende instaurar una ficción legal por la cual el Estado debe hacer de cuenta que una norma que generó efectos por más de veinte años no existió".

Son solo algunos de los atropellos, de los tantos, que se han llevado por delante a principios esenciales de un Estado de Derecho. Entre otros, el respeto al funcionamiento de una democracia, cuya forja no nos vino de balde como un regalo celestial, sino del sacrificio y grandeza de generaciones y generaciones de las cuales el reciente 19 de Abril es una de las primeras clarinadas acompañada por la leyenda de "Libertad o muerte" que era un objetivo que pronto se hizo destino. Cuando el senador Saravia habló en el Senado, advirtió que se había dado un "golpe de estado técnico", porque se había despreciado la Constitución en varios de sus ar- tículos. Se agrede la convivencia democrática cuando las mayorías la embisten casi frontalmente, abren el camino y sientan precedentes que tienden a hacer de los derechos individuales una gracia del gobierno y no un derecho inherente a la dignidad de la persona.

En este inquietante panorama surgió en las tiendas del oficialismo la convicción de que el país es solamente de un sector político, que la Constitución solo debe ser cumplida por los ciudadanos de otros partidos. El oficialismo cree que tiene franquicias que pueden no detenerlo en la obligación de respetarla. Aunque es de temer entonces que esa gravísima agresión a nuestra Magna Carta se consolide en la cámara baja, no pierdo la esperanza que ello no ocurra porque el sufragio ha sido respetado hasta en la dictadura.

Fue por iniciativa del Presidente que se ha logrado el aplazamiento de la discusión y votación en Diputados para el 20 de mayo. Es alentador. Pero si quedase solo en trasladar cronológicamente el atropello, tan lejano de aquel auspicioso discurso de la asunción presidencial, lo que más brillarían son fulgores totalitarios.