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Antonio Mercader


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Bien, el Parlamento. Mal, el Presidente.

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ANTONIO MERCADER

La facilidad con que Jorge Larrañaga arregló en la Asamblea General el nombramiento del nuevo ministro de la Corte contrasta con la dificultad que encuentra para reunirse con Tabaré Vázquez. Eso habla bien del Parlamento y mal del Presidente de la República. Porque el arreglo para nombrar a Jorge Larrieux se hizo en el Parlamento, merecedor de elogios por su sesión del martes en donde hubo una votación unánime y triunfó la regla -ojalá se haga costumbre- de un solo orador por cada lema partidario. El desarreglo, en cambio, lo incita Vázquez al escribir una carta -que más parece un cedulón- en donde se rehúsa a conversar con Larrañaga, líder del Partido Nacional y por ende, de la oposición.

Es una negativa grave, censurable y mal fundada porque Vázquez dice que el pedido de audiencia de Larrañaga está "fuera del contexto de diálogo político". Lo está, dice, por dos razones. La primera es que hay recursos elevados a la Corte para declarar inconstitucional el IRPF a los pasivos. La segunda es que los legisladores blancos quieren interpelar a los ministros de Economía y de Trabajo por ese mismo tema. Es asombroso que para Vázquez ambas acciones equivalgan a una ruptura del diálogo con la oposición, o dicho en otras palabras, que las considere una declaración de guerra.

Que los pasivos recurran contra el IRPF y que la justicia los ampare, es normal en un Estado de Derecho y no se entiende porqué el Presidente se irrita por ello. Lo mismo pasa con el pedido de interpelación que cualquier legislador puede hacer sin que eso suponga asaltar el poder o quebrar la legalidad Si Vázquez se va a rasgar las vestiduras cada vez que se quiera interpelar a sus ministros ya puede declararse ofendido de aquí al fin de su mandato porque así como la función del gobierno es gobernar, la de la oposición es oponerse. Y oponerse incluye interpelar. Sobre todo cuando la causa es justa, como en el caso del IRPF.

Razonando por el absurdo habrá que suponer que, para reencontrar el "contexto de diálogo político" reclamado por Vázquez, los jubilados deberían suspender sus recursos ante la Corte y los legisladores cancelar sus llamados a sala a los ministros. ¿Sólo así el Presidente se dignaría recibir a Jorge Larrañaga? ¿Este es el estilo del gobierno "con los pantalones bien puestos" proclamado por él en Rosario? No, no puede ser así. La postura presidencial es insostenible y, para peor, contradice el mensaje de diálogo y concordancia democrática que la bancada frenteamplista envió al Parlamento con su pulcro acuerdo por Larrieux. Ojalá Vázquez lo entienda.