María González-Miranda
La representante del Fondo Monetario Internacional para Argentina y Uruguay, dijo en entrevista con El País que la política fiscal debería ser más conservadora, ahorrando parte de los frutos producto del ciclo económico favorable para momentos de recesión. Asimismo dijo que no ven un tipo de cambio real desalineado con los fundamentos de largo plazo de la economía y destacó entre los desafíos para 2011 el "asegurar un aterrizaje suave de la economía". La representante del FMI señaló que pese al buen momento económico persisten vulnerabilidades como el nivel de deuda así como la dolarización de la economía.
FABIÁN TISCORNIA
-El staff del FMI señaló que "una política fiscal más conservadora, a través de un crecimiento más lento de los gastos corrientes, sería factible". ¿Esto es que en las rendiciones de cuentas anuales, todo ingreso extra que el gobierno tenga lo ahorre?
-Uruguay no sólo está teniendo un desempeño económico general muy bueno, sino que está haciendo un esfuerzo importante para tener una posición fiscal robusta. En este sentido, aplaudimos el hecho de que se haya buscado anclar el Presupuesto quinquenal en torno a un objetivo explícito de reducción de la deuda pública y apoyamos las prioridades de gasto en que las autoridades han centrado dicho Presupuesto -seguridad, educación, infraestructura- y el aspecto de protección a los grupos más vulnerables de la sociedad. Al mismo tiempo, tenemos la percepción de que el nivel de actividad alcanzó un estado avanzado en el ciclo económico. Esto se refleja no sólo en tasas de crecimiento fuertes del producto, como el 8,5% que proyectamos para 2010, sino también en un récord histórico de (bajo) desempleo, incremento en los salarios reales, una expansión importante del consumo doméstico y una inflación que comienza a ver presiones al alza. En este contexto, pensamos que sería deseable que la política fiscal fuese más conservadora, ello ayudaría tanto a reducir presiones inflacionarias, a moderar las preocupaciones sobre la apreciación, así como a apuntalar los objetivos de reducción de deuda de largo plazo. Para determinar qué parámetros deben usarse para definir el nivel de gasto y los ingresos que sería deseable ahorrar, habrá que mirar un número de indicadores a través del tiempo. Uno de los más claves, es la posición fiscal estructural. Se busca definir qué parte de los ingresos públicos son estructurales y qué fracción es resultado del ciclo económico en sí. La idea es: esa fracción que depende del ciclo, ahorrarla para que cuando el ciclo entre a su fase contractiva y el ingreso público caiga por debajo de su nivel de largo plazo, al menos una parte de esos ahorros puedan usarse para amortiguar dicha recesión.
-¿Qué vulnerabilidades persisten en la economía?
-La economía ha aumentado mucho su resistencia a choques externos desde el final de la crisis de 2002/03, pero aún hay vulnerabilidades que conviene seguir "atacando". Entre las vulnerabilidades fiscales, la necesidad de continuar la reducción de la deuda pública -así como seguir mejorando su estructura- es prioritario. En el sector financiero, un tema clave es la dolarización, aunque en general consideramos que el sector se encuentra fuerte, bien capitalizado y líquido.
-La misión también destacó "la importancia de un mercado laboral dinámico y acuerdos salariales prudentes". ¿Se sigue esa línea o no?
-Un punto importante relativo a mantener acuerdos salariales prudentes tiene que ver con la decisión de que los incrementos de salario real se encuentren alineados con la productividad del trabajo al que remunera. La reforma reciente, que toma en cuenta la productividad sectorial en los acuerdos salariales, es un buen paso hacia adelante.
-¿Ven necesario otro paso?
-Pensamos que es importante que el mercado laboral tenga un balance adecuado entre la provisión de protección al trabajador y al mismo tiempo el permitir que los recursos humanos puedan reasignarse eficientemente.
-¿Qué medidas puede tomar Uruguay frente a la apreciación de su moneda para no perder competitividad?
-No vemos un tipo de cambio real desalineado con los fundamentos de largo plazo de la economía. Por el contrario, vemos a una economía que tiene una posición externa fuerte, apuntalada por exportaciones y un sector turístico robusto. Además, vemos algunas diferencias importantes entre Uruguay y otras economías emergentes, como el hecho de que la mayoría de los flujos internacionales percibidos hayan sido relacionados más con inversión extranjera directa que con movimientos de portafolio. Esto le da la oportunidad a Uruguay de canalizar esos nuevos recursos a sectores clave de la economía (por ejemplo, hacia el desarrollo de infraestructura) que debería ayudar a facilitar aun más las exportaciones, y mejorar la competitividad en el largo plazo, moderando algunas de las preocupaciones que puedan surgir. Al mismo tiempo, en un ambiente internacional como el actual, de mucha liquidez internacional, han surgido algunas preocupaciones válidas al respecto de una posible apreciación real por factores de corto plazo que, de hecho, se comparten en la región. A este respecto, más allá de la política fiscal, existen otros instrumentos que pueden ser utilizados. Estos incluyen la intervención en el mercado cambiario -que puede ser útil para limitar la volatilidad excesiva del tipo de cambio, pero es importante que se subordine a los objetivos de inflación del Banco Central- y los llamados mecanismos "macro-prudenciales" que podrían ayudar a limitar los efectos de una entrada grande de capitales de corto plazo en el sector real a través del crédito. En algunos países se ha hecho uso de los encajes para limitar este tipo de riesgo. En el caso de Uruguay, sin embargo, no pensamos que el flujo de capitales esté causando un crecimiento excesivo del crédito.
-¿Qué desafíos tiene por delante Uruguay en 2011?
-En el corto plazo, el reto principal será el de asegurar el aterrizaje suave de la economía después de un crecimiento a niveles de récord histórico. El calibrar apropiadamente la política macroeconómica para asegurarse que la demanda acompañe al crecimiento, en vez de crear presiones inflacionarias, un deterioro en la posición externa, y posibles cuellos de botella. Más allá de esto, será crítico el aprovechar un momento coyuntural único. La buena suerte es lo que muchos denominan "vientos de cola", que se reflejan en términos de intercambio favorables, así como recursos abundantes para inversión. Lo más importante para Uruguay será el tomar ventaja de dichos recursos para aumentar el nivel de infraestructura, así como impulsar reformas que refuercen la competitividad en la economía, para que el crecimiento a largo plazo sea no sólo sostenible, sino también menos volátil que en el pasado.