M. LÓPEZ | EL PAÍS DE MADRID
Los expertos modifican el enfoque de la esquizofrenia, que cambia de dolencia psiquiátrica a neurológica. La enfermedad podría detectarse en estadios precoces.
Hoy en día, la esquizofrenia es una enfermedad crónica que afecta al 1% de la población, incapacitando a más de dos tercios de los afectados. Se diagnostica tarde, cuando aparecen las alucinaciones y los delirios. Aunque las causas continúan siendo inciertas, se sabe que el enfoque de la enfermedad debe cambiar. Tiene mucho que ver con un mal desarrollo de algunas partes del cerebro que ya se podría observar en la infancia. Aunque hay una predisposición genética, para que el daño se active tiene un papel crucial el entorno. La prevención también pasa por evitar los maltratos infantiles, el estrés o el consumo de drogas. Así lo indica un informe publicado por Nature.
Si hubiese manera de ver estos daños desde la infancia y evitarlos, se podría dejar a la enfermedad en un estado latente y evitar sus efectos. El nuevo enfoque cambiaría el abordaje de la enfermedad de aquí a dos décadas. "Nos estamos aproximando a la enfermedad como un desorden en el neurodesarrollo, con las psicosis como un estadio tardío de la enfermedad que se puede prevenir", subraya Thomas Insel, del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, que participa en el informe y lanza predicciones "basadas más en la esperanza".
La esquizofrenia suele detectarse en la adolescencia o en adultos jóvenes. El mayor número de casos aparece entre los 18 y los 25 años, cuando el córtex prefrontal aún se encuentra en desarrollo. En la mayoría de casos se detecta cuando se inician las alucinaciones y los delirios. Los investigadores afirman que se pasa por dos estadios previos y que a los nueve años ya se pueden ver fallos en algunos circuitos cerebrales. También se empiezan a encontrar alteraciones en la materia gris. Luego vendría la etapa prodrómica, con alteraciones conductuales por el daño neurológico. Al avanzar la enfermedad va disminuyendo el volumen del cerebro, la materia blanca, la materia gris y la conectividad entre neuronas, es decir, que se pierden circuitos neuronales. Si los daños se detectasen a tiempo se podría prevenir la evolución de la patología.
En la práctica, los expertos no se ponen de acuerdo sobre la conveniencia de realizar campañas de detección precoz, dado el peligro de falsos positivos y que todavía no existe un tratamiento preventivo eficaz. Además, aún es necesario desarrollar nuevas técnicas de imagen para explorar el cerebro, sus circuitos cerebrales y su metabolismo. Y criterios para decidir a qué personas se les debería practicar.
El 80% de los individuos que desarrollan la enfermedad cuentan con un pariente directo que la padece. Pero conseguir tests que determinen con certeza el riesgo genético será complicado porque las posibilidades combinatorias son muchas. Los genes que se caracterizaron (se han asociado 43 genes al desorden) intervienen en el desarrollo del cerebro: en la proliferación de neuronas, su migración o formación de sinapsis.
La implicación de tantas variantes genéticas podría indicar que, en última instancia, en cada persona el desarrollo de la esquizofrenia acaba dependiendo de distintos procesos patológicos o vitales. Las zonas del cromosoma 6 involucradas en la esquizofrenia están relacionadas con el desarrollo del sistema inmune, lo que corrobora la importancia del ambiente en la aparición de la enfermedad.
Pero la genética sólo explica una parte de la enfermedad. Los acontecimientos ambientales podrían tener lugar incluso en el vientre materno. Las complicaciones obstétricas durante el parto también pueden condicionar el neurodesarrollo y añadir una vulnerabilidad ante la enfermedad. Sufrir maltratos o crecer en un ambiente hostil también predispone. A otras edades, múltiples estudios apuntan al consumo de cannabis, el estrés y otras agresiones psicológicas.
Con la nueva orientación, habrá que desarrollar nuevos medicamentos. Los actuales permiten inhibir las alucinaciones y delirios. Actúan sobre neurotransmisores como la dopamina (que se sabe que se encuentra en exceso) y los receptores GABA. Pero no corrigen los problemas estructurales del cerebro.
Iniciar el tratamiento después de los brotes también supone que el paciente haya entrado en una pérdida neuronal que se traduce en déficits cognitivos, como pérdida de memoria, dificultades para mantener la atención y solucionar problemas. Por eso, los expertos apuntan a que también sería necesario desarrollar fármacos que mejorasen las aptitudes cognitivas. Hay otras patologías, relacionadas de forma indirecta con la enfermedad y la medicación, como los eventos cardiorrespiratorios o la obesidad, que afecta a casi la mitad de las personas con esquizofrenia. De hecho, algunos estudios indican que la esperanza de vida del paciente esquizofrénico es considerablemente menor: una media de 56 años.
ASPECTOS CLAVE
Diagnóstico de la enfermedad
Se diagnostica cuando aparecen las alucinaciones y los delirios, en la juventud. Los expertos consideran que se trata del tercer estadio de la enfermedad.
Cambio en el enfoque actual
Se debe al mal desarrollo de algunas partes del cerebro, por lo que podría observarse en la infancia. Además, hay predisposición genética, pero el ambiente tiene un rol crucial.
El tratamiento hasta ahora
Procuran inhibir las alucinaciones, pero no corrigen los problemas estructurales del cerebro, cuando ya se entró en pérdida neuronal.
Las cifras
18 La edad promedio en la que se detecta la esquizofrenia, cuando aparecen los delirios.
1% La proporción de la población afectada por la dolencia. Incapacita a dos tercios.
Visión EN URUGUAY
El médico Vicente Pardo, presidente de la Sociedad de Psiquiatría de Uruguay, informó a El País que en Uruguay no hay datos epidemiológicos sobre la incidencia de la esquizofrenia. "De ninguna enfermedad mental, lo cual nos coloca en un atraso superlativo", señala. Respecto al cambio de enfoque presentado en Nature, opina: "Considerarla una enfermedad neurológica es un absurdo, lo diga quien lo diga. No es la primera vez que se ha dicho. Nadie duda que es una enfermedad del cerebro, eso no la convierte en neurológica porque la expresión de la enfermedad, las vivencias que tiene, el deterioro que ocasiona es puramente mental. Y, además, hoy en día no hay ningún estudio, ninguno científicamente probado en ningún lugar del mundo que permita hacer un diagnóstico de esquizofrenia. No hay una alteración anatómica. Algún día se podrá demostrar (...) Hoy en día se sabe que todas las enfermedades mentales, en mayor o menor proporción, la esquizofrenia pero otras también, tienen origen en el cerebro. Eso no quita que sean de expresión mental, y como son de expresión mental son psiquiátricas. Yo creo que eso no va a cambiar mucho".