Sofás para que los empleados se relajen e, incluso, duerman la siesta; rincones para que trabajen concentrados; cocinas para que calienten su tupper y no pierdan tiempo bajando al bar; zonas de reunión -serias o informales- para todo tipo de encuentros; butacas y sofás individuales para pensar relajado; mesas para que oficinistas sin puesto fijo conecten su portátil en lugar del clásico escritorio adornado con la foto del novio o los hijos.
Que nadie se engañe. En medio de un panorama que estira las horas de los trabajadores, no es que las grandes empresas hayan querido dar una tregua a sus empleados. Es que han entendido que una inversión en ergonomía y una actualización de sus sedes pueden ahorrarles bajas por lumbago o depresión.
Parece probado que la ecuación "A mejor oficina, mayor éxito comercial" es real. Sea por visión, altruismo o mala conciencia, el interior de los despachos es hoy un lugar paradójico, una suma de contrarios. Allí se dan cita espacios para la comunicación y el trabajo en equipo y, al mismo tiempo, mobiliarios ideados para facilitar el aislamiento y la concentración de los empleados.
En la oficina de hoy la representatividad ha perdido importancia en favor de la flexibilidad. La continua transformación -según los proyectos en los que se trabaja o según los momentos del día- hace que la modularidad de los muebles y la versatilidad que hace posible variar su uso sean hoy las características más funcionales en un lugar de trabajo.
En esa línea, el japonés Naoto Fukasawa ha diseñado la mesa Kuubo (Vitra), pensada para ser una y muchas al mismo tiempo. Se trata de dividir la gran mesa de reuniones total o parcialmente según el uso que se le esté dando en cada momento. Ya los hermanos Bouroullec idearon hace un lustro la mesa Joyn, divisible con mamparas de quita y pon. La novedad es que la segmentación llega ahora desde el propio sobre de la mesa hasta el almacenamiento de información y a las conexiones eléctricas bajo dicho sobre divisible.
La naturaleza mutante del trabajo en las oficinas ha llevado a la firma estadounidense Herman Miller a idear el Envelope Desk, un escritorio diseñado por Dan Grabowski con un sobre móvil que se desplaza sobre el regazo del trabajador hasta casi taparlo.
Sobre donde sentarse, se vienen los asientos polivalentes para escritorios, restaurantes y casas. La butaca Hal de Jasper Morrison tiene una carcasa y mil patas, o lo que es lo mismo, una silla y mil matices. Ese parece ser el camino.
(EL PAIS DE MADRID)