CLAUDIO FANTINI
Cuando Khrushev fue a Washington, le regaló una miniatura del Sputnik a Eisenhower, diciendo: "Señor Presidente, sus nietos crecerán en el comunismo". La historia demostró el error en el que estaba el líder soviético.
En menos tiempo, la historia demostró el error de Bush y Cheney al considerar que EE.UU. sería, por décadas, la hiperpotencia hegemónica que impondría un nuevo orden, decidiendo unilateralmente el combate a los villanos del orbe. La última administración republicana actuó en base a esa idea, aún cuando el mundo evidenciaba una realidad diferente.
Obama asumió el escenario internacional existente y, a dos años de su llegada a la Casa Blanca, reformuló el concepto estratégico de su país, condición indispensable para que Washington mantenga una posición de liderazgo en un mundo donde hay nuevas acechanzas y nuevos líderes.
El primer paso fue enterrar el unilateralismo. El segundo fue identificar a los nuevos protagonistas y las nuevas amenazas, mientras que el tercer paso, que ha empezado a dar en estos días, es establecer las alianzas que permitan el reposicionamiento estratégico.
En el escenario económico, el nuevo gran coloso es China. Para equilibrar su peso en Asia, Obama procura una alianza con la India, tras haber verificado las diferencias que separan a Nueva Delhi de Beijing. Por eso anunció que Washington propiciará que India se convierta en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Nixon y Kissinger supieron percibir la grieta entre Pekín y Moscú, por eso acordaron con Mao Tse-tung y Chou En-lai el acercamiento que aisló a la URSS. Ahora Obama está haciendo a China, a través de India, lo que Nixon hizo a la URSS a través de China. El nuevo concepto estratégico se completa con el acuerdo que convierte a Rusia en aliada de la OTAN.
El gobierno anterior tendía, injustificadamente, un cerco geopolítico a Moscú, intentando incorporar en la OTAN a países de la periferia rusa, y también impulsando un escudo antimisiles con base en Polonia y la República Checa.
La concepción geoestratégica de Obama es más realista, porque las nuevas amenazas (terrorismo global y proliferación nuclear) también acechan a Rusia, y porque Moscú es un socio indispensable para erradicar al talibán y Al Qaeda de Afganistán. Además, es un socio indispensable para impedir a Irán dotarse de arsenal atómico y al régimen norcoreano de mantener a japoneses y surcoreanos como rehenes de sus ojivas nucleares.
Bush y Cheney creyeron encarnar lo que Otto Von Bismarck llamó "realpolitik", pero diagnosticaron mal y dejaron un país económicamente debilitado, políticamente aislado y militarmente empantanado. A Obama le tocó situar a los EE.UU. en la nueva realidad mundial. Y es lo que hace.