SEBASTIÁN AUYANET
Flores y cámaras de fotos fue lo que más se vio en el Cementerio Central durante una jornada en la que el rito de ir a recordar seres queridos se alternó con otras actividades de encuentro con retazos de arquitectura y de la historia del Uruguay.
"¿La verdad? No te voy a decir que no se vende, pero se vende bastante menos que el año pasado. Y gente sigue habiendo". Lo que dice la encargada de la Florería Yaguarón, ubicada frente al Cementerio Central, es entonces la primera pista de que algo parece estar cambiando cuando llega el Día de los Difuntos.
Dentro del cementerio ya se entiende un poco más. Es que entre las personas mayores que entran con flores se mezclan parejas que se encuentran a las puertas e incluso solitarios que recorren pocos metros y se detienen para fotografiar con mayor o menor zoom tumbas históricas y otros rincones de la particular arquitectura del Cementerio Central, uno de los más atractivos que tiene la ciudad por su valor histórico.
El necroturismo -"qué raro que suena eso", dijo una de las visitantes que entraba con flores- algo de lo que se ha hablado mucho en los días previos al 2 de noviembre, parece haberse puesto un poco más de moda, toda vez que los cinco empleados del cementerio improvisan un doble rol: ayudar a los deudos a dejar flores en los nichos más altos y ofrecer guía a quienes buscan un sector en particular o quieren saber cuáles son las tumbas más famosas del lugar. De pronto, el día de los Difuntos parece más una jornada que muchos de estos habitantes parecen tomar co-mo día de cementerios abiertos al público, como si no lo estuvieran durante todo el año.
Según datos de la IM, la jornada tuvo la particularidad de que se desarrollaron muy pocos entierros, según la directora del departamento de Acondicionamiento Urbano de la Intendencia de Montevideo, Eleono- ra Bianchi. El grueso de las 100.000 personas que se estima pasaron por los cementerios estuvo en los parques del Buceo y del Norte, aunque la presencia de visitantes que no eran deudos fue apreciable en el Central, según afirmó.
Washington Inzúa, capataz general del parque, confirmó la novedad. "Veo mucha más familia, gente que llega con los hijos, que se entra a acercar al cementerio. Se está entrando a desmitificar el cementerio como un lugar triste o tenebroso. En particular este parque ha tenido mucha difusión debido a las visitas nocturnas que se hicieron en los últimos tiempos. Pero hoy vino mucha más gente de la que esperábamos". Inzúa respondió y siguió atendiendo las consultas de los visitantes mientras comenzaban los preparativos para las representaciones de la obra Don Juan Tenorio, una tradición española que se importa por primera vez y que se representó por la noche.
Para los empleados del cementerio esto no es para nada un problema: cuando menos rompe la rutina de la cuadrilla de sepultureros, que trabaja de lunes a lunes siete horas sin cambio de turno con otros compañeros, un régimen bastante más duro comparado al de otros parques como el Cementerio del Buceo, en los que hay más personal. El equipo del Central va de un lado para otro, pero abarcar el mantenimiento de todo el sitio -otra de sus tareas- es algo complicado en un parque con pocas refacciones. Uno de los fotógrafos improvisados se detuvo en el detalle de un nicho al que se le cayó toda la mampostería frontal. Al descubierto quedó el interior de ladrillos y una lona que cubre al ataúd.
ENTERRADOS. En el Cementerio Central también puede visitarse el Panteón Nacional. El día de los Difuntos y el del Patrimonio son las únicas dos jornadas en las que se retira el candado de su puerta y los visitantes pueden caminar entre las urnas de Delmira Agustini, Florencio Sánchez, el cacique Vaimaca Perú, José Rondeau, el ex presidente Juan Idiarte Borda o Eugenio Garzón, de quien aún se conserva su corazón expuesto delante de sus cenizas.
Más fotógrafos descubren el lugar y la suciedad sobre las banderas uruguayas que cubren los recipientes. Dos de las que más llaman la atención son las del poeta y dramaturgo Julio Herrera y Reissig y Juan Manuel Blanes, cuyo nombre y mérito -"El pintor de la patria"- están escritos en computadora, en un papel pegado con cinta adhesiva a la urna. La de Pedro Figari conserva al menos una placa recordatoria.
Según Bianchi, existe un proyecto de recuperación sin fecha concreta que de momento "excede las posibilidades" de la comuna, y para el que habrá que buscar financiación. La urna más notoria, ubicada al fondo del salón, es la de Florencio Sánchez, quien según Inzúa no recibió "una sola flor" el pasado día del Patrimonio. "La gente fue a un montón de teatros pero por aquí nadie pasó a recordarlo. Fue un poco triste".