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Emoción. Cientos de miles de argentinos se reunieron en honor a Kirchner
¿Te interesa esta noticia?BUENOS AIRES | AFP, AP Y
LA NACIÓN / GDA
Oleadas de gente abarrotaban ayer la Plaza de Mayo y las calles de Buenos Aires para decirle adiós al ex presidente y líder peronista Néstor Kirchner. El silencio se interrumpía con cánticos de apoyo a la presidenta y en homenaje a su marido.
Centenares de jóvenes militantes pasaron toda la noche en vigilia en la Plaza de Mayo haciendo la fila para asegurarse el ingreso al salón de la Casa Rosada donde fue velado el ex presidente argentino.
Las vallas de la Casa Rosada fueron cargadas con flores, banderas y mensajes que daban testimonio de la situación. Predominaban las palabras de admiración por Kirchner y de aliento para su esposa. "Tu partida nos duele pero tu legado quedará por siempre", "Gracias Néstor" y "Todo el pueblo te acompaña. Fuerza Cris", decían algunos letreros.
Los cantos y aplausos eran una combinación de doloroso silencio fúnebre y llanto con estribillos combativos y aplausos estruendosos. "¡Néstor no se murió, Néstor no se murió, vive en los corazones de nuestro pueblo trabajador", coreaba la multitud en un grito que nacía del centro de la Plaza de Mayo y se propagaba por las filas de más de un kilómetro y medio de quienes esperaban para entrar al Salón de los Patriotas.
Por momentos, el clima se volvía festivo, tanto que el motivo de reunión en la Plaza parecía otro. De a ratos, tal vez por los cantos, por el sol implacable que disipó todas las nubes o por el color de las flores, parecía que la reunión era cualquier cosa menos una despedida. Y, menos aún, la última. Tanto que se oían la marcha peronista y el Himno Nacional, mezclados con versos de apoyo a Cristina y otros para Kirchner, ese que "no se murió".
Miles de trabajadores de la central obrera CGT, el principal apoyo del gobierno, llegaron hasta la Plaza vestidos con su ropa de trabajo y casco, con carteles de apoyo a su líder.
"Fue un grande. Me ayudó con el plan Jefas para que yo pueda ocuparme de mis tres hijos y para que ellos puedan estudiar", agradecía Raymunda, de 62 años y oriunda de la empobrecida provincia del Chaco, mientras llevaba en sus manos un ramo de rosas rojas.
En una jornada primaveral con un sol por momentos radiante, que el folklore político argentino atribuye a "Los días peronistas", Luis Bifano, venido de la periférica Florencio Varela, dijo estar "sin dormir pero acompañando a la presidenta".
"Con él aprendimos a tener dignidad y trabajo", dijo Bifano, un moreno corpulento, rodeado de banderas que flameaban e incluso globos con leyendas, en el marco de una plaza engalanada como para una fiesta.
Mientras 2.500 personas ingresaban por hora a la casa Rosada, según un responsable del operativo de seguridad, el trabajador metalmecánico Rubén Darío, de 51 años, contaba que venía a darle "el último adiós al `Flaco`. Cristina no tiene que bajar los brazos".
Alejandro Riega Medrano, líder sindical del distrito de La Matanza, el mayor bastión peronista del país en la periferia, dijo que "se ha ido un grande".
"Hasta el último momento dio todo su corazón para apoyar este proyecto. Aunque Néstor no esté físicamente está en el corazón de la juventud y de los que apoyan a la presidenta", dijo Riega Medrano, que empezó a aplaudir al ver en una pantalla la imagen de la presidenta.
Noelia, de 29 años y psicóloga, señalaba que "Kirchner logró un cambio en el pueblo, una reconexión con las pasiones ideológicas".
Preparándose un sandwich en una banqueta en medio de la muchedumbre, estaba Isabel Vázquez, líder y fundadora de la Asociación de la Red de Madres contra el "Paco" y por la Vida, que coincidió al decir que "Néstor enseñó a enamorarnos de la política de nuevo".
"Él apoyó siempre a los jóvenes, se acordó de los trabajadores, de los abuelos y de los pibes", dijo la mujer morena, de baja estatura y con rostro cansado por haber pasado la noche en vela. Marcela, una empleada que llevaba dos claveles rojos, dijo que Kirchner "brindó la esperanza de poder seguir adelante, de poder recuperar la dignidad social".
El desfile parece no detenerse nunca: todos quieren despedir a Néstor Kirchner. Muerto y, para muchos, ya inmortal.
Envuelta en una bandera celeste y blanca de Argentina, la edila Graciela Benítez se apostó durante 19 horas a la cabeza de la larga fila que zigzageaba frente la Casa de Gobierno de Buenos Aires para asegurarse que sería la primera en despedir los restos del ex presidente Néstor Kirchner.
"LLegué ayer a las tres y diez de la tarde acompañando un grupo de militantes del Frente para la Victoria", la coalición que llevó a Néstor Kirchner al poder en 2003, dijo la mujer de mediana edad y curula del municipio de Moreno, en la provincia de Buenos Aires.
"Tengo mucho dolor pero también tengo esperanza porque estoy convencida de que la posta hoy la tiene la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, porque Cristina y Néstor son una sola cosa", reflexionó Benítez.
Como ella, los primeros en ingresar en el Salón de los Patriotas para velar los restos del ex presidente Néstor Kirchner fueron los centenares de ciudadanos que realizaron una vigilia durante la noche frente a la Casa Rosada. Se trataba, sobre todo, de jóvenes militantes de organizaciones kirchneristas y trabajadores afiliados a movimientos sociales. AFP



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