La Policía concluyó que la muerte de un empresario maragato ocurrida el miércoles en un edificio céntrico fue por autoeliminación.
El caso, en principio, estuvo rodeado de misterio ya que su muerte tomó por sorpresa a familiares y allegados.
Juan Pablo Aguilera (35) era un comerciante de quesos que residía en San José. Estaba casado, aunque no tenía hijos, y si bien no se le conocían problemas económicos atravesaba por un problema de salud que implicaba una operación en los ojos.
Fuentes policiales señalaron a El País que al llegar a Montevideo y luego de reservar habitación en un hotel cinco estrellas Aguilera acudió a un edificio ubicado sobre la calle Río Branco casi 18 de Julio. Sus allegados informaron a los investigadores de la División Homicidios que trabajó en el caso que Aguilera no conocía a ninguna persona que viviera en ese edificio.
Si bien al principio era un enigma cómo había ingresado al inmueble y había llegado hasta el piso 14, desde donde cayó por el pozo de aire, en el curso de la investigación se constató que el hombre rompió una ventana que daba al palier del edificio y desde allí consiguió llegar al último piso.
Al iniciar la investigación policial se temió que el empresario pudiera haber sido víctima de delincuentes que pudieron haberlo llevado hasta allí con el fin de despojarlo de dinero o valores. Sin embargo, confiaron fuentes de la investigación, no se halló ningún tipo de indicios de violencia y en cambio sí aquellos que apuntan al suicidio.