Hugo GarcÍa Robles
Bajo el seudónimo del Señor Corchea, Debussy escribió con sabiduría, arbitrariedad y humor sobre música, duplicando de este modo su perfil de compositor genial.
En esos textos que fueron publicados en vida de su autor, reunidos luego en libro que conoció traducción al castellano, aludió al Barroco y a Bach en particular. Supo definir el carácter generalmente abstracto de esa música y la seducción que provenía de las curvas que las voces dibujaban.
Es probable que el concierto que dirigirá pasado mañana, viernes 24, en el Teatro Solís, el maestro Martín Haselböck al frente de solistas y del conjunto Música Angélica, ratifique e ilustre la opinión de Debussy.
Un extenso y atractivo programa desarrollará la famosa agrupación californiana, compuesto en su mayoría por obras de Handel, Telemann y Vivaldi, que se suman a composiciones de Gluck y Mozart. Faltaron los nombres de Juan Sebastián Bach y de Alejandro Scarlatti, para que el panorama del Barroco estuviera representado con sus figuras capitales.
El Barroco que se extiende durante todo el siglo XVII y la primera mitad del XVIII, nace a expensas de la polifonía, caracterizándose, entre otras razones, por el empleo de más de un coro simultáneamente. Esta concepción policoral es típica de la escuela veneciana, de los Gabrieli, por ejemplo. Recurso que llega hasta Juan Sebastián Bach, que lo aplica en la Pasión según San Mateo, a través de Schütz que lo adquiere precisamente en Venecia.
Pero este peso de los maestros italianos barrocos tiene otros ejemplos.
Los "concerti grossi" de Handel son tributarios de los de Corelli, maestro italiano que el alemán llegó a conocer en Roma. No se olvide tampoco la deuda de Bach con Vivaldi, a quien transcribió y en sus años de aprendizaje estudió, copiando las partituras que del maestro italiano atesoraba el hermano mayor de Bach, Johann Christoph, responsable de su crianza cuando lo alcanza la orfandad a los 9 años de su madre y al año siguiente de su padre.
Hay otros aspectos en el programa y los fragmentos de óperas y obras vocales de Haendel, Gluck y Mozart, atractivos adicionales, que configuran una excepcional ocasión reforzada por la calidad de sus intérpretes.