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Michael Reid
En el amanecer del 16 de septiembre de 1810, el sacerdote de la parroquia de Dolores, una pequeña localidad en el centro de México, hizo doblar las campanas de su iglesia para suscitar el grito de rebelión contra la Corona española. México, que era la colonia más rica de España en América, se unió así a la lucha por la independencia, que ya había visto el derrocamiento de las autoridades coloniales y la instalación de justas rebeldes en Caracas, Buenos Aires y otras ciudades sudamericanas. Dos años antes, luego de la invasión de la península Ibérica por Napoleón, el rey Joao VI de Portugal y su corte habían sido instaladas por una flota británica en Rio de Janeiro. Brasil nunca más sería gobernado desde Lisboa.
A medida que América Latina marca el bicentenario del comienzo de su lucha por la independencia política, muchos de los países que la integran, también tienen motivos más recientes para celebrar. Los cinco años hasta 2008 fueron los mejores de América Latina desde la década de los `60, con un crecimiento económico que en promedio fue de 5,5% anual y la inflación, en general, de un dígito. Lo que impresiona aún más es que una región que se había convertido en sinónimo de inestabilidad financiera, en mayor medida navegó a través de la reciente recesión. Después de una breve caída a fines de 2008 y comienzos de 2009, ahora está en marcha una recuperación fuerte. La mayoría de los pronósticos sugieren un crecimiento económico superior al 5% este año para la región.
Junto con el crecimiento, llegó una vida mejor. Entre 2002 y 2008, unos 40 millones de latinoamericanos, de una población total de 580 millones, fueron sacados de la pobreza, y la distribución del ingreso se hizo un poco menos desigualen casi todas partes. La pobreza aumentó como consecuencia de la recesión, pero empezará a declinar nuevamente este año. El desempleo tuvo un leve incremento al 8,2%, aunque debería descender nuevamente este año de acuerdo con la Cepal.
América Latina capeó la recesión, en parte, gracias a la buena suerte, pero también a políticas sólidas. Después del cataclismo de la crisis de la deuda de 1982, quienes trazan las políticas en la región abandonaron el proteccionismo y el dispendio fiscal que había generado hiperinflación y quiebra. En su lugar, adoptaron las reformas de mercado del Consenso de Washington (abriendo sus economías al comercio y la inversión extranjera, las privatizaciones y la desregulación).
Pero, descubrieron que el camino a la estabilidad y el crecimiento más rápido era largo y con baches. Durante un segundo golpe de inestabilidad, de 1998 a 2002, la región introdujo políticas más pragmáticas. La fórmula, en general, incluyó tipos de cambio flexibles, combate a la inflación por bancos centrales más o menos independientes, políticas fiscales más responsables y regulaciones más estrictas para los bancos, así como políticas sociales enfocadas en los pobres. La recesión fue una prueba importante.
La nueva estabilidad y progreso social que ha encontrado la región se debe, en gran medida, al hecho de que en los últimos 30 años la democracia se ha establecido en casi todos lados. La gran excepción se mantiene en la dictadura gerontocrática de los hermanos Castro, en Cuba.
Algunos países latinoamericanos pueden haber encontrado el camino hacia el desarrollo económico, pero llegar a éste puede no ser más rápido ni fácil que haber logrado la independencia. En la actualidad surgen tres grandes preocupaciones. En primer lugar, desde 1960, ha visto el menor crecimiento de la productividad de cualquier región del mundo, no en menor medida porque alrededor de la mitad de su actividad económica se realiza en el sector informal. En segundo lugar, pese a la mejora reciente, la distribución del ingreso sigue siendo la más desigual de cualquier parte. Esto ha actuado como lastre al crecimiento y causado conflictos políticos. En tercer lugar, sufre de delincuencia y violencia generalizada.
El ingreso per cápita varía ampliamente, de US$ 15.300 en Panamá a US$ 2.900 en Nicaragua. También hay una división ideológica. Hugo Chávez, de Venezuela y los hermanos Castro rechazan la integración a la economía mundial y favorecen el socialismo estatal y el comercio administrado. Las economías de sus países lo sufren: la economía de Venezuela se ha convertido en una baja duradera de la recesión, pese a la rápida recuperación del precio del petróleo.
Por tanto, hay diferencias, pero también tendencias claras. Por ejemplo, Chávez tiene sus aliados, pero muy pocos quieren abrazar totalmente su tipo de desastre económico. Rafael Correa, de Ecuador, discrepante se está distanciando. En Bolivia, Evo Morales ha aplicado una política macroeconómica prudente al mismo tiempo que lanza un experimento colectivista. Pese a los esfuerzos de su primera familia, los Kirchner, Argentina mantiene un sector privado vigoroso.









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