Bajo la sombra del desencanto, el amor posmoderno bordea la melancolía y suele desembocar en la soledad. De eso habla aquí el realizador Francois Ozon (el de La piscina y Bajo la arena), un hombre con ojo finísimo para observar las emociones a menudo silenciosas de sus personajes y para sugerir el misterio de algunas relaciones. La pareja que asoma en las primeras escenas está condenada por su adicción a la heroína y de ese infierno de la intimidad pasa a una nota de tragedia. Después vendrá una desolación, aliviada en todo caso por el vínculo amistoso de otra pareja que puede derivar hacia sentimientos inesperados. Esas ondas no remediarán sin embargo el signo de un destino solitario.
Este drama en sordina explica pocas cosas, pero sus elipsis son una virtud que apuesta a la capacidad del espectador para trabajar por su cuenta, sacando algunas conclusionmes y armando el cuadro apenas bosquejado por Ozon. La calidad de ese esbozo consiste justamente en sus pocas pinceladas y su apuesta a un diseño atmosférico, donde no importan los hechos sino los estados de espíritu que corren por dentro de sus habitantes, mientras circulan en torno a varias manifestaciones del amor en la orilla de una playa normanda tan reservada como sus visitantes. Allí el realizador tiende los hilos que anudará impecablemente al final del relato, insinuando el manto discreto y callado que a veces envuelve la vida de la gente.
El refugio
ficha
Francia 2009. Título original: Le refuge. Dirección: Francois Ozon. Fotografía: Mathias Raaflaub. Música: Louis Ronan-Choisy. Producción: Chris Blozli, Claudie Ossard. Intérpretes: Isabelle Carré, Louis-Ronan Choisy, Pierre Louis-Calixte, Melvil Poupaud, Claire Vernet.
Atención a...
la última escena, donde luego de alguna muerte se produce un nacimiento que culmina con la imagen de una insólita maternidad. Ese broche de la historia es conmovedor.