BUENOS AIRES | AFP
Con una cifra de asaltos que ya supera a la del año pasado, los alambrados y los controles en la entrada de los barrios privados parecen insuficientes. Algunas de las 80.000 familias que allí se refugiaron comienzan a emigrar hacia el centro de Bs. As.
"Relájese, Ud. ha llegado al barrio privado La Delfina", invita un letrero en la entrada del complejo de 400 casas, donde más adelante guardias privados armados con fusiles revisarán los autos casi como en un retén militar, una escena en desuso hace años en Argentina.
Los guardias saludan amablemente a los residentes del barrio pero son rigurosos con los visitantes y trabajadores de ese y otros complejos: documentos, inspección minuciosa de los autos a la entrada y salida y motivos de la visita, mientras son filmados por varias cámaras de seguridad.
"Sobre 600 countries se registraron algo más de 40 asaltos en 2010. Creció un poco desde los tres últimos años", dijo Jorge Juliá, titular de la Federación de Clubes de Campo. En todo 2009 hubo 29 hechos denunciados.
Los números hacen que las autoridades y las empresas de seguridad consideren que los controles en las entradas y el alambrado que aísla a cientos de lujosas casas de los barrios populares resulten ahora insuficientes.
"La seguridad estaba garantizada por el simple hecho de hacer de esa urbanización una suerte de caja, encerrándola en alambrados. Mientras no estaban en la mira de la delincuencia, eso funcionó. Pero cuando descubrieron su vulnerabilidad, empezaron los problemas", admitió Aquiles Gorini, presidente de la Cámara Argentina de Empresas de seguridad.
Uno de los problemas de los barrios cerrados es que, como tienen proveedores privados de seguridad, generalmente no ingresan en ellos los patrulleros policiales. "Una vez que el delincuente está adentro de un country, domina mucho más la situación que estando en la calle, porque en esas urbanizaciones no existe el patrullero", sostuvo Gorini.
Como respuesta a esta cuestión, el subsecretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorencino, informó que "comenzamos a coordinar medidas con las cámaras del sector y, por ejemplo, desde agosto se instalarán botones antipánico, que conectan punto a punto las garitas de seguridad con la policía".
Las estadísticas de inseguridad en los countries, de todas maneras, son poco fiables porque muchos asaltos se mantienen en reserva debido a que un clima de psicosis puede hacer bajar fuertemente el valor de las propiedades, cuyos costos parten de 300.000 dólares y llegan a superar los tres millones de dólares.
La migración desde el centro de Buenos Aires hacia los barrios privados de decenas de miles de familias con suficientes recursos económicos comenzó en la década del 90. Las principales causas de las mudanzas fueron el aumento de los robos, el intento por mejorar la calidad de vida en contacto con la naturaleza y la intención de marcar diferencias con los pares de la clase media.
Pero veinte años más tarde, este paradigma vuelve a cambiar. "Hoy ya no sé si es más seguro un country o un apartamento con seguridad en zonas céntricas", planteó Gorini, el presidente de la Cámara Argentina de Empresas de seguridad.