CARLOS REYES
En un año en el que el cine está potenciando su labor literaria, Hugo Burel lanzó al mercado "Diario de la arena", una novela que, editada por Alfaguara, se propone hablar sobre la dictadura a través de una historia de ficción.
Según el autor, esta es una obra que contiene temas que ya estaban en sus libros anteriores, aunque además busca abrir una reflexión sobre el período dictatorial. "Desde la ficción, reflexiona sobre el miedo, la persecución y el aislamiento, que de alguna manera se condensan en esta historia".
El escritor remarca que el estilo surge de alguna manera de la propia historia. "El estilo tiene que estar definido a partir del tema, adecuado a lo que estás diciendo. Primero tiene que funcionar para el escritor: la manera de contar y el punto de vista es una decisión íntima del autor, que normalmente se plantea al comenzar a escribir la historia".
"Hay que elegir el camino, los insumos literarios que van a manejar y por qué. En este caso, hay un estilo inmediato, que es la primera persona, enmarcada en un prólogo y epílogo en tercera persona. Esa primera persona establece una conexión inmediata entre el tema y el lector, e incluye el punto del vista del protagonista: ahí está jugado todo".
El uso de esa primera persona puede ser tomado como un simple recurso narrativo o como una señal de que el autor está ahí, hablando directamente. Al respecto Burel señala que hay un poco de ambas cosas.
"Esa primera persona determina una inmediatez entre lo que pasa, lo que se siente, aunque no necesariamente tiene que ser el autor. En Diario de la arena la primera persona crea una posibilidad de ir siguiendo al protagonista desde sus propios zapatos. El lector no sabe mucho más que él: no hay especulación en ese aspecto".
Lejos de seguir un decálogo, Burel prefiere dejar correr su estilo propio. "Normalmente me guío más por la intuición, y también por la lectura. Soy un gran lector, y la lectura te enseña, te va dando pautas, aunque no seas demasiado consciente de ello. Los grandes narradores te enseñan, entre otras cosas como tratar determinados ambientes. Siempre procuro -más que nada por mí mismo-, mantener cierto misterio en el relato, que me permite tensar esa cuerda al máximo. La lectura es un mecanismo de tensión, de búsqueda permanente. Si perdés el interés, el esfuerzo no vale la pena, y abandonás".
Otro aspecto de este texto es la presencia de la literatura onettiana. "El tema de la intertextualidad siempre depende del lector. Para quien no leyó El astillero, y no tenga información sobre Onetti, esa zona de la novela no le significa demasiado. Pero para el autor sí hay un significado que quiere rescatar, y además un homenaje a Onetti y una posible relectura de El astillero en nuestro tiempo. Hay una especie de guiñada a los sentidos metafóricos de esa novela formidable, que acá funciona como una metalectura, como un mensaje".
"La novela es un género que te permite una libertad absoluta, algo que no sucede en el cuento. Lo que me estimula de la novela es la ausencia de límites: te permite escribir un ensayo novelado, incluir personajes reales en una ficción, o hacer un comentario de una obra literaria dentro de una trama novelística. Como autor me permite muchas libertades, que es legítimo utilizarlas, siempre y cuando no sean gratuitas".