JUAN ORIBE STEMMER
El incendio producido en la madrugada del 8 de julio en la cuadra 2 de la cárcel de Rocha pudo haber sido evitado.
Un informe del Comisionado parlamentario para las cárceles, Álvaro Garcé, había advertido que esa cárcel tenía 70 plazas y alojaba 174 reclusos en un edificio antiguo mal equipado para tal hacinamiento. La causa inmediata fue la combinación de frío polar, falta de instalaciones adecuadas, "ranchadas" (divisiones provisorias hechas con frazadas) y calentadores primitivos armados con ladrillos y resistencias de alambre. La causa más lejana, pero fundamental, se encuentra fuera del ámbito de sistema carcelario.
La población carcelaria ha aumentado en las últimas dos décadas a una tasa superior al incremento del número de habitantes del país. De acuerdo al estudio "Panorama de la violencia, criminalidad y la inseguridad en Uruguay", en 1989 existían 2.244 reclusos. Ese número aumentó a 3.185 en el año 1995, 4.369 en el año 2000, 7.004 en el año 2005 y 7.213 en el 2007. La población carcelaria se multiplicó por tres en aproximadamente dos décadas. Al final del año 2009 existían unos 8.400 presos.
Esa población carcelaria adquiere su verdadera importancia, especialmente cuando se la compara con otros países que deberíamos considerar como ejemplos para progresar.
El Uruguay tuvo en los años 2003-2004 una tasa de 204 - 217 reclusos por cada cien mil habitantes. A fines del 2009 esa tasa fue de 252 reclusos. Es cierto que existen países con tasas aún más altas. Los Estados Unidos tienen la mayor relación de población carcelaria/cantidad de habitantes en el mundo: nada menos que 701 por cada cien mil habitantes. Pero ciertamente no es un ejemplo a seguir.
La tasa de población carcelaria uruguaya es alta respecto de otros países de la región y supera ampliamente las tasas de los países con mejores índices de desarrollo humano, como Islandia (cuya tasa es de 37 presos cada cien mil habitantes), Noruega (59), Dinamarca (64), Inglaterra (141) y Nueva Zelanda (155). Una tasa de población carcelaria más alta no nos hace una sociedad más segura, ni más justa.
¿A qué se debió aquel notable aumento de la población carcelaria en nuestro país?
El estudio mencionado más arriba identificó tres causas principales: cambios en la composición del delito (aumento significativo de las rapiñas), establecimiento de penas más severas (que prolongan el período de permanencia en la cárcel) y un significativo aumento de los reincidentes.
En 1989, el 38% del total de personas procesadas eran reincidentes; en el año 2007 los reincidentes ascendían a la mitad de los procesados. La estrategia que hemos elegido para combatir la delincuencia tiene el efecto perverso de contribuir a incrementar la cantidad de reincidentes que quedan atrapados en una vida de delito. Todo ello a un costo humano difícil de medir pero que seguramente es considerable.
Sin embargo, a pesar de todo, no se consigue mejorar la seguridad ciudadana. ¿Seguramente hay algo que estamos haciendo mal?
Fue tragedia para las familias de los presos, vergüenza de la sociedad y fracaso de una política.