WASHINGTON | AFP Y AP
El general Petraeus, nuevo titular de las tropas internacionales en Afganistán, trae consigo habilidad política y una fama de intachable. Pero la guerra atraviesa un momento crítico, en el que las bajas aumentan y el miedo a la falta de avances se extiende.
Cuando designó al general David Petraeus al frente de las tropas de la OTAN, Barack Obama remarcó que el reemplazante del general Stanley McChrystal marcaba "un cambio de personas, no de estrategia". De hecho, el presidente de EE.UU. no espera que elabore un plan de acción completamente nuevo o audaz, sino que lo considera el más capacitado para aplicar la estrategia actual y, de paso, poner fin a las rencillas entre militares y diplomáticos que al salir a la luz acabaron con la carrera del general Stanley McChrystal.
Pero el prestigio del que goza el general Petraeus tanto entre las filas militares como en Washington por su papel en la guerra en Irak no alcanza para asegurarle un futuro auspicioso en Afganistán.
"Está claro que su talla y su credibilidad superan las de cualquier comandante del ejército", subrayó Richard Fontaine, del Center for a New American Security. "Esto es necesario, pero también es necesario poder satisfacer las expectativas que esto genera", agregó.
El primer gran problema que debe enfrentar es el tiempo, pues Obama prometió una retirada progresiva de las tropas estadounidenses de esa guerra a partir de julio de 2011 y en diciembre la Casa Blanca prevé hacer una evaluación de las operaciones. "El reloj de Washington no deja mucho tiempo", señaló Fontaine.
Petraeus estará sometido a una fuerte presión para dar rápidas pruebas de los avances logrados, en un momento crítico en que aumentan las bajas y en que el miedo a que la guerra contra los talibanes se atasque se apodera del Congreso. Con 80 muertes, este mes es el más mortífero para las fuerzas internacionales desde que comenzó esa guerra en 2001.
Al declarar la semana pasada ante el Congreso, el general Petraeus insistió en que la fecha de retirada en 2011 estaba "basada en condiciones", dando a entender que parte de la fuerza estadounidense podría permanecer en Afganistán por un plazo más largo.
En Kabul, habrá que decidir prontamente sobre cuándo lanzar una ofensiva en los alrededores de Kandahar, bastión de los talibanes donde se esperaba que la estrategia lanzada en febrero sirviera para aniquilarlos. Pero McChrystal anunció poco antes de retirarse que los planes no avanzaban a la velocidad que se preveía.
Mientras tanto, el gobierno del presidente afgano Hamid Karzai, manchado por la corrupción, podría socavar los avances militares de las tropas internacionales. Este asunto es complejo y estaba medianamente encaminado con la presencia de McChrystal, que procuraba apoyar muy de cerca a Karzai para que lograra una mayor legitimidad. Ahora, "no veo muy bien qué puede hacer Petraeus al respecto", escribió el periodista Thomas Ricks en su blog "Best Defense".
Además, Petraeus deberá apurar el entrenamiento de las fuerzas afganas si quiere lograr una efectiva retirada.
EXPERIENCIA. Ante una opinión cada vez más dubitativa en ambos lados del Atlántico tras nueve años de guerra, el general Petraeus aboga por tener paciencia.
"Llevar una operación de contrainsurgencia es como una montaña rusa. Hay reveses, así como hay zonas de progreso y éxitos", dijo la semana pasada ante el Senado. "Pero la trayectoria, en mi opinión, siempre ha sido positiva, pese a las importantes bajas y a los reveses", agregó el militar.
El general habla desde la experiencia, pues ya hizo en Irak lo que ahora debe hacer en Afganistán: lograr que la guerra se vuelva favorable para los Estados Unidos.
En dos años al frente del mando central, Petraeus ha logrado una buena relación de trabajo con el presidente afgano Hamid Karzai y conoce al embajador Karl Eikenberry, un general retirado.
"Está perfectamente al tanto de la inteligencia, conoce a los actores políticos y militares y comprende la región", estimó John Nagl, presidente del instituto de investigaciones Center for a New American Security.
Además, tiene una excelente relación con la Casa Blanca por haber participado de la elaboración de estrategias para Afganistán, Irak e Irán, dijo Michael O`Hanlon, del centro de estudios Brookings.
"Él y el presidente se conocen bastante bien", una relación personal que brillaba por su ausencia entre Obama y McChrystal", agregó. La reacción ha sido generalmente favorable en el Congreso y se prevé una confirmación rápida de su cargo.