WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID
El general que manda las tropas de la OTAN en Afganistán y sobre cuyas espaldas reposa la estrategia norteamericana en esa guerra, Stanley McChrystal, acude hoy en una posición insostenible a la Casa Blanca para ofrecer disculpas a Barack Obama y a sus principales colaboradores por las declaraciones descalificadoras contra todos ellos que hizo recientemente en una entrevista. Esta crisis inesperada constituye un mazazo para los planes del presidente norteamericano en Afganistán.
Si McChrystal no fuera el genio militar que parece ser y si su retiro no supusiera un quebranto enorme en la evolución de la guerra en Afganistán, es muy posible que a estas horas ya habría sido destituido. Pero se ha revelado como un extraordinario estratega y supo poner en marcha una ofensiva que evitó lo que se veía como una derrota inminente. Por eso, sus declaraciones a la revista The Rolling Stone, donde expresa su "decepción" con Obama y ridiculiza al vicepresidente Joe Biden y a otros responsables civiles del conflicto, han tenido tan extraordinario impacto. Obama lo citó inmediatamente a la Casa Blanca, donde hoy se reunirá primero por separado con el presidente y, después, con muchas de las personas a las que critica en sus declaraciones, entre ellos el secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, almirante Mike Mullen, quien se ha confesado "profundamente decepcionado" por las palabras de McChrystal. También acudirá a la reunión la secretaria de Estado, Hillary Clinton, la única que se libra de las críticas.
McChrystal se disculpó ayer con todos ellos y despidió a su jefe de prensa. "Expreso mi más sinceras disculpas", afirma el general en un comunicado, "fue un error que refleja un pobre juicio y que nunca se debería de haber producido". El problema de fondo es la tendencia de McChrystal a expresar sus opiniones con plena libertad y saltándose las reglas de comunicación establecidas entre los rangos del Ejército.