SANDRO POZZI | EL PAÍS DE MADRID
Érase una vez dos gemelos, Rock y Brock. Cada sábado, su abuelo les daba un dólar. Así, durante lo que duró el verano. Había un incentivo. Cada semana, el abuelo igualaría la paga de lo que tuvieran ahorrado.
Rock prefirió gastarlo en golosinas al recibirlo. Brock lo guardó. Pasadas 10 semanas, Brock amasó una pequeña fortuna de US$ 512. Rock se lo comió.
La autora del relato es Sheila Bair. La de escritora es una faceta desconocida de la presidenta de la agencia que en Estados Unidos (FDIC) protege los depósitos en 7.932 instituciones bancarias. Forma parte de un cuento publicado en 2006 para educar a los niños en las finanzas. Dos años después, en la realidad, la fiebre por vivir por encima de las posibilidades meneó el capitalismo.
No es casualidad que la revista Forbes considere por segundo año consecutivo a esta funcionaria como la mujer más poderosa del mundo, por detrás de la presidenta Angela Merkel. O que Fortune la colocara en el cuarto lugar en su lista de las personalidades más visionarias.
Fue la primera en alertar al Congreso de que las prácticas predatorias en la concesión de hipotecas suponían una amenaza para la estabilidad del sistema financiero y de la economía. Lo que pasó a partir del verano de 2007 hasta la quiebra de Lehman Brothers, 13 meses después, es conocido.
"Nunca es tarde para aprender la lección", dice Bair en boca de Brock. Cuando las cosas van bien, el trabajo de la FDIC suele ser bastante tranquilo. Pero cuando domina la incertidumbre, la institución que encabeza desempeña un papel central para preservar la estabilidad del sistema. Su misión es generar confianza. Es que lo último que necesita un banco en medio de una crisis es que sus clientes acudan en masa a la ventanilla pidiendo sacar el dinero.
Eso es lo que pasó hace ocho décadas cuando, un 10 de diciembre de 1930, el Bank of United States colapsó tras quedarse sin efectivo en caja. La confianza en la banca se desintegró y, en apenas dos meses, más de 60 entidades cerraron. Ese miedo fue el que llevó a Franklin Roosevelt a crear la FDIC en 1933, después de que la Gran Depresión acabara cebándose con los bancos sanos. Para proteger el sistema, lo que hace la agencia es asegurar los depósitos hasta un límite de US$ 250.000. Y en el caso más extremo, interviene las entidades en apuros y las transfiere a un banco sano.
Es la estrategia que siguió con Washington Mutual e IndyMac. Las dos encabezan una lista de casi 250 entidades intervenidas por la FDIC durante las crisis, de las que 80 corresponden a 2010. La agencia supervisa directamente a unas 4.300 entidades con siete billones en activos. El rescate se financia con un fondo al que contribuyen los bancos.
Bair, de 56 años, está considerada como la superpolicía de Wall Street, un mundo que vigila desde Washington junto a Mary Schapiro -la primera mujer al frente de la SEC (Comisión del Mercado de Valores)-, Elizabeth Warren -presidenta del panel que supervisa el Fondo de Estabilidad Financiera- y la senadora Blanche Lincoln, autora de la enmienda para separar de los bancos el negocio con derivados.
Bair conoce Wall Street desde dentro, pero su carrera no se forjó en Wall Street. Arrancó lejos del distrito financiero neoyorquino, el corazón del capitalismo. Nacida en Wichita (Kansas), fue banquera de una pequeña entidad antes de entrar en el gabinete del ex senador republicano Robert Dole.
Es una persona que defiende sin retraerse, y de una honestidad brutal. Aprendió de pequeña la lección de los tiempos difíciles. Y a lo largo de su carrera vio a mucha gente perder dinero por no estar informada. Por eso cree que junto a la regulación debe haber un esfuerzo por educar al consumidor. Sus libros para niños, dice, son un arma poderosa para explicar los principios básicos de las finanzas. Consejos que espera sigan también los padres.
Bair trabajó para la administración de George Bush en 2001, como asistente de la secretaría del Tesoro para instituciones financieras. Allí vivió el impacto de los atentados suicidas del 11 de septiembre y el derrumbe de Enron por fraude contable. Ese paso por el Tesoro le daría después una información clave para entender lo que se estaba gestando en la trastienda. Bush le confió la FDIC en junio de 2006. Todo se torció cuando el mercado inmobiliario tocó techo mientras los intereses subían como la espuma. A la vista de la que se venía encima, intentó que los bancos revisaran los créditos, para evitar una ola de desahucios que arrastrara a la economía. Los bancos no le hicieron caso.
Bair participa en el proceso de reestructuración del sistema financiero. Aunque se la considera de tendencia conservadora, es más progresista en cuestiones de regulación financiera que la mayoría de los demócratas. Quizá por eso, y por su tenacidad, sea tan respetada en el Capitolio.
El mandato de Bair expira en junio de 2011. Aunque este año se rebasarán ampliamente las quiebras de 2009, cree que pasó lo peor. Y si la reforma llega a la mesa de Barack Obama como ella quiere, está lista para afrontar otro reto. Eso sí, deja en claro que no se evitará otra crisis mientras no se vuelva a lo básico: ahorrar antes de comprar y mirar bien lo que se gasta.
En el Uruguay también existe
En Uruguay se da la particularidad que también es una mujer la que preside la agencia similar a la FDIC estadounidense.
Al frente de la Corporación de Protección del Ahorro Bancario (Copab), está Adela Hounie que hasta su asunción en 2009 se había desempeñado en el Banco Central (BCU).
Esta agencia administra el Fondo de Garantía de Depósitos, para atender eventuales crisis de bancos. Ese fondo cubre hasta US$ 5.000 para depósitos en dólares y hasta 250.000 Unidades Indexadas (US$ 24.767) para depósitos en pesos.
La Copab se encarga también del proceso de resolución bancaria (intervención, búsqueda y aplicación de procedimientos de solución, y liquidación) de las instituciones en crisis.