MATÍAS CASTRO
Continuando las ideas marcadas en la última edición de los Juegos Olímpicos, los organizadores volverán a darle un toque cinematográfico al espectáculo de apertura y clausura con los directores Danny Boyle y Stephen Daldry para el 2012.
"Mi función es aportar una velada emocionante, cautivante y fascinante", dijo Boyle a la BBC, sin escatimar adjetivos ni disimular su entusiasmo. "Tengo la esperanza de que ocupe un lugar en la lista de grandes aperturas y que también pueda ser un nuevo comienzo para esto", agregó. Si bien los productores del evento han contratado también a Stephen Daldry, prestigioso director de teatro y también realizador de películas como El lector, Las horas y Billy Elliot, la mayor parte de la atención ha caído sobre Boyle.
Es inevitable, el director escocés ha sido un niño mimado de los medios, del público y de la crítica cinematográfica desde que debutó en el cine con Tumba al ras de la tierra, aunque ya tenía una larga carrera dirigiendo en televisión. Luego películas como Trainspotting o ¿Quién quiere ser millonario? lo volvieron uno de los directores más fuertes del panorama del cine en todo el mundo, aunque siempre con filmes de bajo despliegue y mucho golpe visual de efecto. Incluso haciendo películas de género como Alerta solar (ciencia ficción) o Exterminio (zombies) ha logrado respeto por parte de la crítica y buena repercusión en la taquilla.
Para las anteriores Olimpíadas, en Beijing, se había contratado a Zhang Yimou, director de películas de gran despliegue visual como Héroe, La casa de las dagas voladoras y Ju Dou, entre otras. Hubo, además, cierta polémica debido a que se contrató a Steven Spielberg pero luego se lo rechazó debido a sus declaraciones sobre las relaciones entre Tibet y China.
En ese caso la elección de ambos directores había parecido bastante lógica, ya que, si bien hay notorias diferencias entre una ceremonia de apertura y una película, los filmes de ambos (y además el trabajo de Yimou en la ópera) se caracterizan por una fuerte impronta visual y mucho despliegue de producción. Para simplificarlo, ambos son directores de grandes espectáculos.
En el caso de Boyle, y más todavía en el de Daldry, su fuerte no es exactamente el espectáculo, sino más bien los personajes. Pero tienen ambos cosas para aportar aparte del hecho de ser dos de los directores británicos más reputados de la actualidad. Boyle es un realizador que le da a la fotografía (también a la luz y al color) y al montaje un protagonismo muy fuerte, aunque esté filmando un drama más o menos realista como ¿Quién quiere ser millonario? Se podrá decir que son aportes que se hacen más desde el estudio de edición que desde el trabajo en vivo, pero tienen que ver con su idea de lo que el espectador debe ver. Y en el caso de Daldry tiene una experiencia muy fuerte y premiada en teatro, cosa que le da un entendimiento particular de las puestas en escena.
Boyle no aclaró cuál es su idea de una puesta en escena "emocionante, cautivante y fascinante", ya que la asociación entre el Comité Olímpico y ellos dos recién está arrancando. Lo que se sabe es que uno de sus mayores desafíos será quedar a la altura de la imaginativa apertura que diseñó Zhang Yimou dos años atrás, aunque con un presupuesto menor. "No será como Beijing en términos de magnitud", comentó el director. "Será más modesta, pero nuestra tarea es asegurarnos de que dentro de dichos recursos sea igualmente espectacular y ofrezca una notable bienvenida a la apertura de los juegos".
el potencial. Aunque Inglaterra está atravesando un momento delicado en cuanto a lo económico, el director del comité organizador de los juegos afirmó que, por el momento, no hay planes de reducir el presupuesto de 60 millones de dólares, reservado para la apertura y clausura de los Juegos Olímpicos. Por otra parte se trata de una inversión, ya que, solamente si se toma en cuenta la audiencia televisiva que tienen estos eventos (la anterior apertura tuvo un público aproximado de cien millones de personas), las posibilidades de negocios saltan a la vista.
El diario británico The Independent afirmaba que una de las principales razones por las que Boyle había sido elegido es porque en la oscarizada ¿Quién quiere ser millonario? demostró que tiene gran habilidad para representar la mezcla de culturas en la pantalla (aunque hay quienes han criticado el espíritu paternalista y poscolonialista detrás del film). Y, precisamente, esa idea de amalgama multicultural y respeto es la que Inglaterra quiere transmitir en la ceremonia, uno de los espectáculos más poderosos del planeta en cuanto a su repercusión en los más diversos medios.
La cifra
60millones Es el presupuesto reservado para hacer las ceremonias de apertura y clausura que dirigirán Boyle y Stephen Daldry.
Directores célebres en los Juegos Olímpicos
El cine y los Juegos Olímpicos han mantenido una larga relación. El más famoso (y más infame) ejemplo es probablemente Olimpia o Los dioses del estadio (1936) de la alemana Leni Riefenstahl, un notable documental que exaltaba los valores del nazismo. Otros ejemplos han sido menos notorios. El italiano Romolo Marcellini filmó los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 (La gran Olimpíada), y el japonés Kon Ichikawa hizo lo mismo con los de 1964 en Tokyo. Uno de los casos más célebres es el de los boicoteados juegos moscovitas de 1980, formidablemente registrados por Yuri Ozerov en Salve deporte, eres la paz.
La cifra
80.000 Es el público estimado que es-tará presente en el estadio para presenciar directamente cada ceremonia olímpica.