Guillermo Zapiola
Es una de esas tragedias de las que mucha gente prefiere no hablar. El documental "4 de julio, la masacre de San Patricio" recuerda un múltiple crimen político cometido en tiempos de la dictadura argentina.
Curiosamente, la "mucha gente" mencionada en el párrafo anterior pertenece a dos bandos (o, si se quiere, a dos bandas). Quienes siguen convencidos de que la sangrienta dictadura de Videla y sus cómplices (incluyendo una parte del tradicionalismo católico argentino) fue una gesta heroica en defensa de la civilización occidental y cristiana prefieren, sin duda, que se omitan referencias al asesinato de cinco religiosos palotinos en la iglesia de San Patricio, cometido por un comando de ultraderecha el 4 de julio de 1976. Pero en el otro extremo del espectro político (el de la inefable progresía latinoamericana), la idea de que hubo sacerdotes asesinados por la derecha estropea también la simplificación maniquea de que toda la Iglesia y en particular la jerarquía hizo causa común con los asesinos (aunque efectivamente una parte de ella lo haya hecho).
El mundo no es en blanco y negro, y este documental independiente de Juan Pablo Young y Pablo Zubizarreta ayuda a poner algunas cosas en su lugar. Nunca se sabrá, probablemente, quiénes fueron los "gatillos" de ese trágico 4 de julio, aunque hay sospechas ciertas acerca de los responsables intelectuales del crimen. Y vale la pena recordar los detalles. Los asesinos irrumpieron en la casa parroquial y dispararon a matar sobre tres sacerdotes y dos seminaristas. Cometido el crimen, dejaron algunos mensajes bastante reveladores. "Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M." (Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo), decía uno de ellos. Otro aclaraba que se trataba, explícitamente, de una venganza: "Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria" (esto último aludía a otro múltiple crimen, éste cometido pocos días antes por Montoneros, en una dependencia policial).
Puede ser el dato más inútil del mundo explicar que los palotinos muertos no tenían nada que ver con el asesinato montonero, y que lo que sus asesinos objetaban era, más probablemente, su activismo social que sus presuntas ideas políticas subversivas. Este documental ilustra adecuadamente el punto.
El film entremezcla materiales de archivo, entrevistas a gente que estuvo vinculada diversamente al episodio (el sacerdote Kevin O`Neill, el ex sacerdote Roberto Kilmeate, el periodista Eduardo Rimel que escribió un libro sobre el asunto), y escenas reconstruidas que a veces apelan deliberadamente al blanco y negro para mimetizarse con otros materiales de época.
En términos generales omite las explicaciones en "off", y deja que las imágenes y las declaraciones de los testigos hablen por sí mismos, aunque hay un par de excepciones: al principio se lee en la banda sonora el informe policial (escasamente informativo) que da cuenta de lo ocurrido; al final, la voz del actor Julio Chávez lee los últimos párrafos del diario de una de las víctimas, escritos pocos minutos antes de su muerte ("Otro día tenso y doloroso. Oré muchas veces con bastante oscuridad pero no intranquilidad. Fumo bastante; es una de las pruebas más grandes de mi vida, sino la mayor de todas. ¿Me llevará al final?").
Entre ambos extremos, el film funciona como un testimonio sobrio y eficaz, que informa acerca de muchas cosas: la vida cotidiana de las víctimas, el contexto histórico y político (derrocamiento del patético gobierno de María Estela Martínez de Perón y su reemplazo por una tiranía militar de las habituales, aunque más sanguinaria que todas las anteriores), la pasividad de una franja de la jerarquía eclesiástica que no quiso enterarse demasiado de lo que estaba pasando, la labor social llevada a cabo por la congregación elegida como blanco, la permanencia en la memoria de los sobrevivientes de una tristeza que perdura.
Porque el film no se agota en un ejercicio de arqueología trágica. No se centra únicamente en el crimen de 1976, sino que avanza en el tiempo, continúa explorando la acción y el comportamiento de los religiosos palotinos en las décadas posteriores, y llega hasta hoy. Y alrededor de la historia principal hay otra, o la misma: la de la Argentina de los años de plomo, la diversidad de reacciones humanas frente a una situación de opresión, injusticia y barbarie, el esfuerzo de algunos (¿esos 36 hombre justos que según la leyenda judía son el motivo por el que Dios permite que la humanidad continúe existiendo pese a todas sus atrocidades?) por cambiar las cosas. Un documental a tener en cuenta.