LONDRES | "Es un cambio histórico y sísmico", proclamó el primer ministro británico David Cameron. "Hasta hoy éramos rivales y hoy somos colegas. Eso dice mucho del calado de la nueva era política hacia la que nos dirigimos", enfatizó ayer Nick Clegg.
Los dos líderes más jóvenes en casi 200 años de historia, compartían escenario en el primer día de trabajo de la coalición entre conservadores y liberal-demócratas al frente de Gran Bretaña. "Somos diferentes partidos, con muchas ideas diferentes", pero "este gobierno durará", dijo Nick Clegg sin descartar que habrá "golpes y peleas en el camino".
Las risas fueron inevitables cuando un periodista le recordó a Cameron que había dicho que su chiste favorito era "Nick Clegg". El viceministro amagó con irse entre más risas, destilando buena sintonía y optimismo en un mundo en el que la política está dominada por la imagen y en un país que cree que las coaliciones son una receta para el desastre.
Después de las tensas negociaciones que hubo hasta anteayer, dos partidos tan opuestos como el conservador y el liberal-demócrata se pusieron de acuerdo, repartieron las carteras y pactaron un programa en el que todos hicieron concesiones, aunque algunos de los temas potencialmente más conflictivos quedaron en suspenso.
Los grandes ministerios -Finanzas, Relaciones Exteriores y Defensa- estarán en manos de los conservadores George Osborne, William Hague y Liam Fox, que ya ocupaban esas carteras respectivamente en el gabinete de oposición. Los liberal-demócratas tendrán 4 puestos y el de Clegg.
En un mensaje dirigido a sus "siete millones" de votantes, muchos de los cuales ven con malos ojos la alianza, Nick Clegg aseguró: "No habría aceptado el acuerdo si no estuviera genuinamente convencido de que ofrece una oportunidad única para hacer los cambios en los que creo".
Conservadores y liberal-demócratas ya acordaron recortar el gasto público por valor de 9.000 millones de libras en 2010-2011 y detallarán su plan económico en un presupuesto de emergencia que redactarán en 50 días. AFP Y EL PAÍS DE MADRID