Desde que la planta petrolera de BP estalló y se hundió el 22 de mayo, 11 millones de litros de crudo se desparramaron por el mar amenazando la fauna marina y el ecosistema del Golfo de México. En la región habitan tortugas, arrecifes de coral y el 40% de los pantanos estadounidenses, esenciales para los peces, camarones y cangrejos y una parada para las aves migratorias. Las operaciones para retirar el petróleo del agua comenzaron apenas el mar estuvo calmo y desplegaron unos 200 km de barreras para evitar que llegue a las costas. Pero el crudo brota a razón de 800.000 litros por día y hasta ahora se lograron recuperar apenas 30.000 barriles de agua mezclada con petróleo. BP intenta sellar la fuga y taparla con una cúpula de 100 toneladas de concreto que sumergió en el mar. Además de asegurarse que el bloque llegue hasta los 1.500 metros de profundidad, la empresa deberá enfrentar las otras consecuencias del derrame y cargar con sus propias pérdidas: el valor del petróleo que se perdió supera los 5 millones de dólares a la cotización actual, que cayó 10% en una semana.