A. LALUZ
"Los discos para mí son excusas para salir a tocar", sentencia Gabo Ferro. Por eso, con un nuevo libro y un formidable disco, "Boca arriba", bajo el brazo el artista argentino vuelve a Montevideo: esta noche, a las 21:30, en la sala Zavala Muniz.
El plan luce como algo simple: guitarra y voz, más el apoyo de Alejandro Pugliese -técnico que grabó Boca arriba en Circo Beat- como operador de sonido. Pero detrás de esta apariencia, tan cercana al formato de "cantautor", Ferro juega sus mejores cartas como compositor, guitarrista y cantante a una obra nacida del despojamiento, el valor expresivo del silencio, y la preocupación por dar con la palabra y el sonido justo.
Esto es Boca arriba: un acto de contemplación, de manipular las texturas musicales con precisión casi quirúrgica, de contar historias personales en diálogo con las historias de otros. Y así será el concierto de esta noche, en el que no faltarán las canciones de sus cuatro discos anteriores, ya conocidos por el público local, pero en el encuentro mínimo. "Hay gente que cree que yo tengo mi banda, y que cuando toco la guitarra soy una versión de eso que hago con banda. Y es al contrario. Cuando estoy con la banda es una versión del proyecto con voz y guitarra": el despojamiento "absolutamente sometido a la incidentalidad", al encuentro con la recepción del público. "Porque cuando vos estás con una banda el público puede más o menos condicionar el ambiente, el clima, el lugar. Pero cuando vos estás solo, y podés manejar el silencio, el espacio, podés elegir dejar que algo que suene -como cuando cae la lluvia o se cae alguna cosa en la sala-, se convierta en parte de lo que ocurre en el escenario, acompañarlo con el volumen, darle un lugar en la historia. O sea, editar en vivo la propia obra. Y eso es lo que a mí me apasiona: la incidentalidad que me provoca estar en un acto creativo permanente".
Ferro viene transitando este camino desde 2004, cuando volvió a la música luego de varios años de silencio absoluto, de dedicación exclusiva a los estudios históricos, a la formación académica. En ese año, cuenta, se produjo el descubrimiento de una alternativa a lo que motivó, hacia fines de los años noventa, su alejamiento de Porco, una conocida banda de la escena hardcore de Buenos Aires. "Yo me retiro en el 97 y esto ocurrió en el 2004: me encuentro con unos amigos y con ellos veo que en ese tiempo de ausencia absoluta de la música, había sucedido la revolución digital. Y en ese momento me encontré con que todo el mundo podía tener un estudio de grabación en su casa. Ahí, en poquito más de una semana compuse lo que fue el primer disco (Canciones que un hombre no debería cantar), y lo grabé de esa manera, con tres amigos. No lo pensaba editar, pero vino la propuesta de un amigo para hacerlo. Y ese disco hizo carne el hecho que uno puede trabajar sin lastimarse y con el deseo de lo que uno cree que está bien".
Ese silencio de casi siete años, y el renovado deseo de volver a hacer "lo que uno cree", nacen de una crisis vivida al interior de Porco. "Sucedió en la juventud y la manera en que los cuatro entendíamos el cómo había que desarrollar nuestro trabajo. Lo que ganaba era la idea, el deseo de tener un contrato con las grandes compañías, tocar en los festivales esponsoreados, sacar un disco cada dos años, hacer un video, y bla, bla, bla. Esa era la aspiración de la banda. Y esa aspiración ponía en segundo lugar el hecho de ser como banda. Quiero decir, que por más que trabajábamos mucho, teníamos buenos shows, la idea era ponerse a esperar a cuando editarían el disco, etcétera. Yo en realidad lo que quería era tocar, cantar, hacer discos, no esperar a que la industria me dijera cuándo tenía que hacer eso. Por lo tanto me dije, si esta es la manera en que se trabaja dentro de la industria cultural de la música, yo me voy. Cosa que hice. Y para siempre. Nunca pensé que iba a volver a tocar y a cantar. Me dediqué a estudiar historia, me recibí, hice una maestría, hice un doctorado".
A este primer disco solista le siguieron otros tres títulos (Todo lo sólido se desvanece en el aire, Mañana no debe seguir siendo esto, Amar, temer, partir), a razón de uno por año, y en los que maduró una forma de creación con una matriz asentada en el trabajo y en la independencia.
"Así estoy al día de hoy. Nunca hago algo que yo no quiera hacer y que no me dé alegría. Por eso le he dicho que no a casi todos los sellos multinacionales que hay acá, y a los que han querido vender esto como un número más, y simplemente: yo no tengo ningún apuro. Y no veo la independencia como un purgatorio".
Música e historia como formas de vida
Desde el año 2006, Gabo Ferro dejó el ejercicio de la docencia a nivel universitario, para dedicarse de lleno a sus proyectos musicales y a la investigación. "Tenía muchas fechas, muchas giras, y la verdad es que no me gusta hacer las cosas desprolijamente. Así que trabajé unos años dando clases, y cuando vi que tenía que decir muchos `no` en cuestiones de la música, dejé esos trabajos. Me dediqué a algo mucho más libre que es la investigación. Y de hecho ya salieron dos libros de ese trabajo". El último, que acaba de presentar, es "Degenerados, anormales y delincuentes. Gestos entre ciencia política y representaciones en el caso argentino".
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