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ANÍBAL DURAN HONTOU
Una nota aparecida en Búsqueda, días atrás, me indujo a escribir sobre la productividad. Ésta parece la reforma del Estado; nos referimos a ella sin solución de continuidad desde hace años, pero no la plasmamos, en términos generales, en donde concierne.
Resumidamente cuenta la crónica aludida, que los países de América Latina y el Caribe "padecen la enfermedad del crecimiento lento crónico, por la baja productividad", por lo cual se ha agrandado la brecha con los países desarrollados.
Se agrega: "según el BID, el bajo aumento de la productividad es la principal razón por la que la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños han registrado tasas de crecimiento económico inferiores a las de otras naciones avanzadas…".
La productividad es la capacidad de producción por unidad de trabajo, la relación entre lo que se produjo y los medios empleados para ello. Desde el gobierno, comienza a decirse que en el próximo consejo de salarios, la productividad deberá jugar un rol determinante.
La paradoja surge claramente; el gobierno reclama en los privados lo que no exige (por ahora) en su órbita; en buen romance, los servicios que brindan los organismos del Estado siempre están en tela de juicio.
El cambio cultural que se reclama (de eso se trata) debe venir de la mano de darle a las distintas administraciones públicas, instrumentos para una gestión moderna de los recursos humanos. En ese sentido es perentorio incluir el pasaje a un sistema de remuneraciones que incorpore la evaluación del desempeño. Idealmente, el funcionario debería recibir un emolumento fijo, ligado a indicadores convencionales como presentismo.
Pero otra parte importante de la remuneración debería vincularse al desempeño del funcionario, teniendo en cuenta, la calidad del servicio, la reducción de gastos, etc.
El Presidente José Mujica, tan propenso a hablar de Nueva Zelanda, no debe ignorar que en dicho país se privatizaron empresas públicas pero además de ello los funcionarios públicos tienen remuneraciones "atadas" a la productividad.
Cuando hablamos de pérdida de competitividad, todos los gobiernos dicen que el tipo de cambio no es la única explicación para que eso suceda. Lo grave es que los otros factores, muchas veces dependen de una gestión pública ineficaz y por demás gravosa, esto es, escasa o nula productividad.
Un Estado tan caro y predominantemente ineficiente representa "un costo país" alarmante que perjudica la competitividad (y aquí no estamos hablando de tipo de cambio).
Estamos en un escenario marcado precisamente de competitividad a nivel del mundo y ser eficaces constituye un desafío de primer orden. Entonces, entre otras cosas, es imperioso implantar sistemas de remuneración asociados al desempeño.
La eficacia mencionada y la pertinente capacitación generan en el empleado más fidelidad hacia la empresa y eso a su vez repercute en mayores ingresos para aquél.
Actuar así supone para las empresas incorporar otras variables a la remuneración tradicional y escasamente motivadora que, como se sabe, refiere a pagar por trabajar dentro de un horario teniendo en cuenta además, la antigüedad en la empresa.
La casuística es variada pero se podría comenzar a ponderar remuneraciones adicionales por metas cumplidas, algún incentivo por mejora en la productividad, premios relacionados con mayores utilidades en la empresa, apuntalar con determinados estímulos por la continuidad en el trabajo e incluso en algún caso, compra de acciones por parte del empleado.
Nos consta que empresas extranjeras aquí radicadas, están implantando nuevos estímulos en la remuneración, fiel reflejo de lo que sucede en sus casas matrices y en el mundo.
No podemos seguir atados a preconceptos caducos y seguir dando vueltas como la noria.
Lo que los antiguos griegos aprendieron como primera sociedad intelectual y filosófica que fueron, refiere a que es mayor el peligro para nuestras esperanzas y nuestras fortalezas cuando nos introducimos en la batalla de las ideas que por ejemplo, matar a un hombre con quien se tiene diferencias y que actuar de ese modo (luchar por las ideas) requiere proporcionalmente más coraje.
Propongamos el tema de la productividad con el citado coraje y con la convicción de que hacemos lo correcto.
"Un Estado tan caro y predominantemente ineficiente representa "un costo país" alarmante que perjudica la competitividad".










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