El mes próximo tendrá lugar el estreno mundial de la película "Ojos rojos", un documental chileno que muestra cómo la gente del país andino acompañó las victorias, y también las derrotas, de la selección de fútbol en su rumbo a Sudáfrica.
El filme sigue paso a paso ocho años en la vida de la selección andina, sin eludir el fracaso que significó quedar fuera del Mundial de Alemania en 2006. Las cámaras de los tres directores (Ismael Larraín, Juan Pablo Sallato y Juan Ignacio Sabatini) no dejaron rincón por recorrer, desde el camarín del técnico hasta la propia cancha.
Pero si un objetivo principal fue la selección en sí, otro puntal temático fueron los propios hinchas, que por momentos toman el protagonismo. Porque en este filme, el fanático del fútbol no es olvidado en ningún momento. Sin embargo, se trató de eludir toda la sarta de peleas inútiles que tantas veces genera el fútbol.
"Quisimos enfocarnos en el fútbol solamente. En la televisión estamos invadidos por los realities, que ahora le dicen `docurrealities` y hay un agotamiento de ese formato. Queríamos más que nada convertir este trabajo en una experiencia sensorial para disfrutarla en la sala de cine. Si la hubiéramos hecho para la televisión, claro, hubiese sido de otra forma. Pero como esta fue una película realizada para ser vista en cine es que usamos técnicas y códigos menos tradicionales", afirma Sabatini en El Mercurio.
Sin embargo, Ojos rojos no es un documental típico. Para empezar no hay una voz en off relatando lo que muestran las imágenes. Por el contrario, los encuadres y planos se encadenan con libertad a la narración, que es la cronología de las fechas jugadas por la selección.
Algunas de las secuencias se intercalan con declaraciones de fanáticos, mientras hay acciones paralelas que suceden en bares, o los dichos de los técnicos al ser entrevistados en conferencias de prensa. Porque la intención, más que revelar o desclasificar los entretelones del asunto, fue insinuar las atmósferas y plasmar la pasión en abstracto, desde un prisma puramente cinematográfico.
No faltaron detalles técnicos para lograr ese fin. Como comenta Sabatini, "en algunas jugadas quitamos el sonido ambiente y subimos el volumen a los latidos de corazón, a las pisadas y al balón deslizándose sobre el pasto, porque así es como se siente cuando juegas, cuando estás en la cancha. Hicimos todo esto para potenciar y convertir esta película en una experiencia cinematográfica única e irrepetible".
"Hicimos de todo para reunir fondos, incluso hacer videos institucionales. Eso fue hasta que Chile estuvo a punto de clasificar, porque ahí la cosa mejoró", relatan los directores al diario chileno. Ellos, que crearon la productora Bandolero para este emprendimiento y que tuvieron que sumar cuatro años más, a los cuatro originales, entienden lo que es sobreponerse a la adversidad. Y tiene mucho que decir sobre el tema. De hecho, una de las puntas de lanza de su trabajo, más que mostrar los goles entrando al arco (que están, por supuesto) es tratar de reflexionar sobre cómo los chilenos asumen y viven el triunfo y el fracaso.
Sobre las dificultades del rodaje, Sabatini manifestó a El Mercurio con humor: "Yo creo que fue saber dejar tus sentimientos de lado cuando La Roja metía un gol. En los primeros años la cámara se movía. Pero en la segunda etapa aprendimos a controlarnos. O sea, cuando Orellana metió el gol contra Argentina, no se nos movió un pelo. Yo quería puro gritar de alegría, pero hubo que aguantarse no más".
Ahora los goles van a poder ser festejados nuevamente en la sala de cine, aunque los directores no saben si viajarán a Sudáfrica. Pero lo que vaya a pasar allá ya es otra historia.
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