Por César Bianchi, para EL PAÍS digital
Se sabía que iba a ser una experiencia rara, por decir lo menos. Guns N’ Roses en Montevideo era algo impensado para los fanáticos de fines de los 80 y 90 hace seis meses atrás. Seguramente esos, los más incondicionales, se sintieron recompensados por la banda liderada por Axl Rose. Pero todos los demás: simpatizantes, curiosos, nostálgicos, se fueron a acostar a las… cinco de la mañana con un sabor agridulce.
Es que fue un recital irregular por donde se lo mire (y escuche). Si bien la entrada de Belgrano producciones decía "21 horas" y a las cinco de la tarde ya había fans esperando que las puertas abrieran, Vendetta, la primera banda soporte, arrancó cerca de las 22.30 y la cantante deseaba con cierta ironía que Axl llegara al país.
El show de los Guns comenzó a la 1.30 de la madrugada, cuando el público uruguayo —siempre inofensivo y cauto— estaba empezando a dormirse. Arrancó con Chinese Democracy, tema que da nombre al último y demorado disco, y siguió mechando su montaña de hits con algunos buenos temas del CD de 2008: Better, Street of Dreams, If the World (con impronta española festejada) y This I Love, entre otras.
Cuando la gente ya se creía el rumor de que Rose nunca había pisado Montevideo, llegó para reivindicarse, pero nunca logró meterse a todos en el bolsillo. Por dos cosas: por su voz, que a sus 48 años ya no le aguanta sus falsetes y alaridos como en otras épocas, y porque —se sabe— al público le gusta que lo mimen y él no lo hizo. En casi tres horas de concierto nunca mencionó a la ciudad ni al país. Como si tuviera miedo de equivocarse y decir Paraguay. O quizás nunca le importó ser tan cortés, vaya uno a saber. El telonero de la banda, Sebastian Bach (ex Skidrow, banda metalera exitosa en los 90), en cambio, sí saludó varias veces efusiva y exageradamente: "¡Te amo Monte Vídeo!".
Guns N’ Roses sí convenció con los hits, los que la gente esperaba. Esa lista estuvo basada en el emblemático Apetite for Destruction (1987): Welcome to the Jungle —segundo tema del recital—, Sweet Child of Mine, Nightrain, Mr. Brownstone, It’s So Easy, Rocket Queen y Paradise City (cerró la lista), a los que sumó November Rain, You Could Be Mine y Knockin’ on Heaven’s Door de Bob Dylan. Sólo faltó Don’t Cry.
El asunto es que dada la hora, la gente se acordaba que era un concierto de rock con los temas pesados (y que sabían todos) y se volvía a sentar y mirar como si fuera ópera cuando se trataba de alguno de Chinese Democracy, una balada o hasta la versión del clásico de AC/DC Whole Lotta Rosie.
Finalmente, a las 4.30 (hace una semana hubiera sido a las 5.30) los Guns con su controvertido y divo Axl Rose al frente dieron por terminado un recital esperado desde que se lo veía flaco y atlético pasar y seguir de largo hacia Buenos Aires. Los fans que tanto esperaron se llevaron su premio (consuelo).
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